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Demanda y función paterna10/01/2008- Por Marina Levins - Realizar Consulta
La práctica institucional pública, nos convoca permanentemente ante obstáculos que exceden el dispositivo analítico. Uno de los ejemplos más claros procede de las demandas de tratamiento provenientes de un tercero (escuela, otro servicio médico, el juzgado, etc). Quienes son enviados se presentan mostrando, exhibiendo su malestar por ser mandados casi por la fuerza a hablar de algo que, aunque los haga sufrir, no les interese desplegar. A lo largo de la práctica, me preguntaba cómo hacer con estos casos para convocar un sujeto allí; cómo trabajar ese primer tiempo del pedido de consulta, que ni siquiera es propio, para hacer una torsión hacia una demanda que los involucre.
La práctica institucional pública, nos convoca permanentemente ante obstáculos que exceden el dispositivo analítico. Uno de los ejemplos más claros procede de las demandas de tratamiento provenientes de un tercero (escuela, otro servicio médico, el juzgado, etc). Quienes son enviados se presentan mostrando, exhibiendo su malestar por ser mandados casi por la fuerza a hablar de algo que, aunque los haga sufrir, no les interese desplegar. A lo largo de la práctica, me preguntaba cómo hacer con estos casos para convocar un sujeto allí; cómo trabajar ese primer tiempo del pedido de consulta, que ni siquiera es propio, para hacer una torsión hacia una demanda que los involucre.
Aquí traigo una viñeta para compartir con ustedes:
Se trata de un caso de oficio derivado por un juicio de divorcio.
Concurren Eliana, (30 años) y César, (42 años). Como suele suceder en estos casos, al empezar la primera entrevista, estaban ambos bastante reticentes. Al preguntar por qué los mandaron, ella dice:
-“El juez dijo: acá hay que recuperar un padre. Y al que no le gusta que apele”
Según ella, su ex marido “no se hacía cargo de nada” y por eso pidió que le quitaran la patria potestad, pedido que fue denegado por el juez y el detonante para enviarlos a terapia.
Eliana y César tenían dos hijos, un varón y una nena. El varón con enuresis. Eliana, al momento de la derivación, estaba en pareja con un hombre casado que prácticamente la mantenía.
Cuando llegaron al Hospital, llevaban casi cinco años de separación, que se concretó cuando Eliana estaba embarazada de su hija menor.
Ambos habían hecho anteriormente tratamiento psicológico en diferentes momentos. Eliana, el año anterior a la consulta, a raíz de la enuresis de su hijo (en realidad, más que tratamiento fueron algunas entrevistas con la terapeuta de éste). César, nueve años antes, pero no aclaró el motivo.
Al preguntar las razones de su separación, él dice: “…Ella se fue a XX (su cuidad natal) cuando estaba embarazada de N. (la hija menor)”. A lo que Eliana agregó: “Mi mamá y mi papá también están separados…pero no quiero hablar del pasado…”
Recordemos lo que dice Freud sobre las frases precedidas por la palabra “no”…
César mencionó que tenían “formas de vida distintas…” “Estaba ciego y eso me llevó a perder la familia…”
Señalaron que se llevaban bien hasta el embarazo de J. su primer hijo. Discutían por el dinero, el trabajo y porque a raíz de la dificultad de ambos para sostener un empleo fijo y rentable, tuvieron que instalarse en la casa del padre de César.
Eliana agrega que el juez denegó el pedido de anulación de la patria potestad por no registrar evidencias de violencia, abandono ni abuso.
Primera entrevista que brindaba elementos para trabajar
En los inicios, no quedaba muy claro cuál era el motivo de la separación. La razón que aducía él sobre el cambio de carácter de Eliana durante el embarazo y la llegada de los hijos resultaba poco consistente, al igual que las razones que esgrimía Eliana sobre la inestabilidad de su marido.
Con el correr de las entrevistas se fue desanudando poco a poco este interrogante.
En las sesiones sucesivas, surgió lo siguiente:
Ambos se conocieron en un boliche. Él le llevaba más de diez años de diferencia. Al hablar del primer embarazo, César dijo que fue buscado y Eliana que fue por accidente. Ella agrega: “Tuve a J. sola, le di mi apellido”. A los seis meses de su nacimiento, se casaron y César le dio su apellido a J.
César dice: “Me casé porque la amaba y porque amaba a mi hijo. La idea era que J. no sufriera el tema de padres separados. Tampoco pensaba que me iba a separar”.
C. tenía encuentros esporádicos con sus hijos y recién en ese momento estaban ordenando un régimen de visitas.
Al hablar de estos encuentros con sus hijos, César por un lado quería estar presente y por otro tenía algunos fallidos que denotaban lo contrario; como por ejemplo, faltar a uno de los actos del colegio por cuestiones triviales que pudo haber prevenido. Ante esto, Eliana le reprocha, al mismo tiempo que dice “Puede ser un excelente padre”. Leemos una posición histérica que erige al otro sólo para barrarlo.
Y agrega: “Hace un abandono como lo hizo su madre con él”. Ante esta frase, César solo puede decir “Y, será así…”.
Durante varias sesiones el tema principal giraba en torno a la crianza de los chicos, los encuentros, la puesta de límites, salidas, etc., hasta que un día, César vino particularmente callado, ensimismado y mal predispuesto.
Intervengo relanzando la frase del juez y preguntando por qué él no apeló si estaba en desacuerdo, si él podía opinar. Allí responde: “Creo que me opuse a que fueran los chicos al juzgado… Igual, usted no me va a solucionar nada…¿Van a venir los chicos?
-Lo voy a evaluar ¿Por qué su inquietud?
César: Preguntaba… Es que tengo un mal día por cuestiones personales que no vienen al caso.
-A lo mejor sí. No necesariamente tienen que centrarse en el tema de los chicos. Muchas veces lo que consideran que no tiene nada que ver está muy relacionado.
Intervención que apuntaba a convocarlo a César para que haga uso de la palabra, que apele a su tesoro de significantes.
A partir de este encuentro, el material se desplegó de otra manera.
César poco a poco fue armando el entramado de su novela familiar. Criado entre las mujeres de la familia paterna, ya que éste tenía un trabajo que justificaba su ausencia por períodos prolongados. Su madre, aparentemente había fallecido en su primera infancia, pero a los 10 años se enteró de que se había separado de su padre y se había ido de su casa. Dijo que la buscó hasta sus 15 años de edad y no la pudo encontrar nunca.
Fluctuaba entre la sobreprotección de las mujeres de la casa y la falta de dones de su padre para defenderse en la vida. Como resultado, se hizo como pudo, con una actitud rebelde, “la oveja negra” de la familia; le costaba sostener una actividad laboral estable. Cuando consultaron, trabajaba como chofer de ambulancias.
De su padre dice que se llevaba bien, pero que éste nunca lo tuvo en cuenta, porque era muy egoísta.
Cuando se enteró de la falsa muerte de su madre, tuvo lo que el llamó “disritmia” y por eso estuvo en tratamiento psicopedagógico. Le pregunto qué le pasaba en ese momento y agregó: “Sentí bronca porque me hubiera gustado conocerla y después si ella no me quería ver más o si yo no la quería ver más, bueno, cada uno su vida… Pero yo no tuve esa posibilidad…”
A las dos sesiones comenta que perdió el trabajo por un accidente en la vía pública. Le pido que aclare un poco más y explica que le quitaron el registro por tener prisión en suspenso por otro accidente anterior. El material no era del todo claro, pero en ese momento no convenía forzarlo. Dos semanas después, comentó que la causa de aquel accidente era más seria de lo que él había comentado. Remarca como un “hito” que había dejado de tener este tipo de conductas cinco meses antes, más o menos coincidente con la derivación del juzgado.
César, con su dificultad para dejar de ser ese hijo rebelde que llama permanentemente a un padre que va y viene, no puede tomar los blasones como padre. Por eso no puede estar, permanecer, ir a la salida del domingo y también estar en el acto del colegio. Tiene que ir y venir, al igual que su propio padre.
¿Cuál era la historia de Eliana?
Su madre tuvo un primer matrimonio infructuoso y que, antes de separarse parece que ya estaba en pareja con su padre. Pero el apellido que lleva, no es el de su padre biológico, sino del señor que estaba casado con su madre. Al separarse su madre, la abuela materna se confabuló con el ex marido (alianza suegra-yerno) y le querían quitar la tenencia a la madre (la patria potestad). Si bien la unión entre sus padres prosperó a los terroríficos (como ella misma los llamó) planes de su abuela, la convivencia entre ellos estaba plagada de discusiones, peleas, gritos. Ella mantenía sostenidos reproches hacia su padre biológico por no hacerse cargo de ella en lo cotidiano (fiestas de colegio, estar al tanto de las notas, irla a buscar, etc.). Pero… ¿qué estaba reclamando? A su ex marido le redoblaba los reclamos cuando tenía algún “desliz” que lo colocaba en el mismo lugar de incumplimiento que su propio padre. Quedó abierto el interrogante sobre las causas por las cuales su padre biológico no se hizo cargo de la patria potestad y no le dio su apellido.
Eliana, con su insistente pedido de denegación de la patria potestad, actuaba en un intento fallido de reivindicar a un otro que no pudo con los designios del Otro. Apelando al mito del héroe, Eliana dejaba su deseo entre paréntesis para entregarse a la lucha reivindicatoria en busca del resarcimiento. Lucha y reproches que no hacían otra cosa que develar la falla y la impotencia de un padre que no pudo transmitir su nombre (en el sentido de la nominación por el apellido, no del significante del nombre del padre).
¿Cómo trabajar desde una demanda externa, judicial? ¿Quién pide tratamiento en este caso? ¿Qué es lo que se escucha en la palabra que transmiten estos pacientes?
La frase “Acá hay que recuperar un padre” ¿quién la dijo? El juez, según el enunciado de la paciente. Pero ¿quién la enuncia? Si, correcto, la paciente. Entonces ¿por qué no tomar la enunciación como la vía que transporta un lugar para que se articule una demanda que los concierna a ellos? Esa fue la apuesta inicial, corroborada por el acto de ambos, no solamente de no apelar la medida, sino de asistir al tratamiento, cuando no estaban obligados a hacerlo.
Por otra parte, tomar a la letra la apelación a la ley en las primeras frases que se enunciaron, permitió abrir el campo sobre la historia que determinaba el accionar de ella, casi compulsivo, de negar la transmisión del apellido de un padre, con todo lo que ello implica.
Lacan en “Dirección de la Cura…” propone el lugar del analista como lugar del muerto, concepto que dio lugar a múltiples interpretaciones en el quehacer del analista. No se trata de quedarse mudo sin hacer nada, sino correrse de un lugar imaginario y dejar jugar el lugar de una ausencia que propicie el despliegue de un discurso que implique al analizante en tanto sujeto como sujeto deseante.
¿Cómo se aplica en este caso? El trabajo con ellos alternaba el material diacrónico con la sincronía de sus lugares como madre y padre, los puntos identificatorios con sus respectivos Otros y los lugares de diferenciación. Algunas intervenciones, apuntaban a nombrar y convocar a César en su función, al mismo tiempo que a Eliana se la compelía a darle el lugar que ella tanto le reclamaba.
Algunos ejemplos a modo de ilustración: en el cumpleaños de la hija menor, César dijo como si nada que no fue porque su ex no lo había invitado.
“-¿Cómo que no lo invitó?
César respondía relatando la anécdota. Corte y reformulación de la intervención:
“-Pero hay algo que no se entiende… ¿Cómo es eso de que lo tienen que invitar al cumpleaños de su hija”?
Interrogantes que apuntan a quebrar un sentido único y desdoblar el significante en su polisemia, que los convoque a preguntarse por su posición.
Otro ejemplo: César: “si no les ponés los puntos, te pasan por encima”.
-Usted dijo: si no les ponés los puntos, te pasan por encima. No se los pongo yo, se los tienen que poner ustedes.
Salir del plano especular, de la relación dual, de la alianza terapéutica, permitió colocarlos nuevamente en relación con su posición. Nuevamente, salir del sentido común, generando la sorpresa que los corre de su lugar de alienación en lo que les pasa.
Luego de varios meses de tratamiento, César pudo encontrar un trabajo como suplente de portería. Al mismo tiempo, empezó a pensar en la manera de quedarse con sus hijos algún fin de semana y se desplegó lo que se movilizaba en César con el síntoma de su hijo. Cuando los lleva a su casa, este síntoma, la enuresis de J, no se manifiesta. Muestras de que lo convocaba a César a tomar un lugar.
Ella decide dejar a su “media pareja”, como la llama ella, porque se da cuenta de que él no se va a separar y no quiere “eso” para ella: un lugar a medias, escondido y sin reconocimiento. De allí que busca un trabajo, cambia a los hijos de la escuela privada a la pública y le empieza a dar más cabida a César, que fue pasando de Suplente a Titular.
*Trabajo basado en el material presentado por la autora durante las III Jornadas de Pareja y Familia realizadas en Agosto de 2007.
Bibliografía:
- FREUD, S. “Moisés y la religión monoteísta”. En Obras Completas, TXXIII. Ed. Amorrortu
- Lacan, J. “La dirección de la cura y los principios de su poder”. Escritos II
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