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Un primer derecho: ser niño. ¿Hay lugar para identificarse como sujeto niño/a en nuestra sociedad?

24/01/2020- Por Amelia Haydée Imbriano - Realizar Consulta

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Consideramos necesario que un primer derecho para el sujeto humano debiera corresponder al “derecho a ser niño/a” en tanto sujeto infantil. Las nuevas demandas infantiles, expresadas en nuevos síntomas, nos muestran la urgencia individual, familiar, social, judicial y política de intentar algún tipo de preocupación, al menos, bajo el modo de interrogación… ¿Cuáles son las consecuencias para el proceso de identificación –propio del sujeto infantil– cuando el Derecho no alcanza a articular el poder con los ciudadanos, y pierde legitimación, consistencia y eficacia?

 

 

                                     

                               “Juanito dormido” de Antonio Berni (1974)*

 

 

  Sostenemos la hipótesis relativa a que las diversas leyes sobre derechos de niño/as y adolescentes nos orientan no solo respecto de su lugar para el Derecho sino también para las personas en forma individual, para la sociedad como colectivo grupal y para los políticas públicas como colectivo de un Estado.


  Nos interesa invitarlos a reflexionar al respecto pues en una contemporaneidad que atiborra con mensajes respecto “que a los niños hay que darles la palabra”, consideramos que se los ha dejado de escuchar, o no se los escucha adecuadamente.

  Mayoritariamente todas las declaraciones de las leyes sobre ellos afirman el derecho a la identidad. “Ser niño” es el pilar fundamental para la construcción de la misma en el adecuado acogimiento que una sociedad debe ofrecerle. Las evidencias nos llevan a la pregunta: ¿Hay lugar para ser niño/a? Si falta, no hay sujeto de la neurosis, al menos, en el sentido que Freud y Lacan nos enseñaran.

  Han pasado 60 años de la “Convención de los Derechos del Niño de Naciones Unidas” en 1959, y casi 15 años de la firma en Argentina de la “Ley de protección integral de niños, niñas y adolescentes”, y aún hoy, tienen un carácter de intención que en gran parte está lejos de realizarse. Razón por la cual preguntamos: ¿Hay un lugar para los niños en una sociedad en donde las leyes referidas a ellos parecen solamente declamación?

 

  Con esta otra pregunta, posiblemente más fuerte, casi impertinente, pretendemos interpelar al colectivo social y a la esfera individual, considerando que ambas instancias se desimplican las más de las veces de las políticas públicas (como si no tuvieran nada que ver con ellas).

Trabajaremos algunos relatos clínicos que nos orientarán.

 

 

Desarrollo

 

  Consideramos necesario que un primer derecho para el sujeto humano debiera corresponder al “derecho a ser niño/a” en tanto sujeto infantil. Las nuevas demandas infantiles, expresadas en nuevos síntomas, nos muestran la urgencia individual, familiar, social, judicial y política de intentar algún tipo de preocupación, al menos, bajo el modo de interrogación.

 

  Para el “establishment”, ¿qué es ser niños/as? Consideramos que lo que se encuentra sobreentendido está en relación con la publicidad, de amplia conformidad social, convirtiendo al niño/a en objeto de consumo. ¿Cómo es la vida cotidiana de los niños/as en lo privado y lo social? ¿Es la que está supuesto en el orden jurídico?

 

  Diversos relatos de niños/as nos llevan a pensar negativamente.

 

 

“Matías”. “Quiero que me ayude a saber” (1)

 

  El tratamiento de Matías, de 9 años, comienza cuando recibo en consulta a una asistente social planteando la posibilidad de otro tratamiento para el niño. Ella es interviniente perito judicial de este niño judicializado y cuya existencia queda resumida en la carátula de un expediente: “Matías, psicosis infantil, niño intratable”.

 

  El niño estaba internado en una institución asilar estatal, habiendo sido trasladado por las más diversas desde su nacimiento. Ella debe encargarse de encontrar otra institución, según indicación de la autoridad judicial: “para protección del niño y terceros, pase a una institución psiquiátrica”. No obstante, se le ocurre la posibilidad de “otro tratamiento”.

 

  Escucho su preocupación, su angustia, sus hipótesis y también su deseo, decidido ya, de “tratarlo de otra manera”. También escucho algunos pocos elementos de la historia que se refieren a la falta de apellido, la muerte, la locura, los asilos, los hospitales y los servicios hospitalarios de psicología y psiquiatría. Su síntoma más notorio son los graves trastornos de conducta.

 

  El niño, hijo de inmigrantes polacos, nace un día en que se produce una coyuntura compleja y nefasta: fallece su padre de un ataque cardíaco y la madre rechaza al niño, acto interpretado como desencadenamiento de una psicosis, según relato psiquiátrico.

 

  De ahí en más, su vida transita en instituciones asilares estatales. Era trasladado de una institución a otra por indicación de los directivos aludiendo a su inconducta. Y en ello consistía su tratamiento.  Y, ¿el derecho a la seguridad jurídica y al debido proceso?

 

  Hasta aquí los invitamos a considerar algunas cuestiones: Tiene 9 años y no lleva apellido, y, ¿el derecho a la identidad? El niño está judicializado bajo una carátula que reza: “Psicosis infantil-Niño intratable”. Su comportamiento habilita un diagnóstico que proviene del personal administrativo de las diversas instituciones, que a su vez consideran mejor no tramitar su apellido para facilitar la adopción.

 

  Nadie en el orden de lo judicial lo ha escuchado. Desde su nacimiento, es la primera vez que una asistente social, interviniente judicial, se ocupa de él. Decido recibirlo, a sabiendas que la asistente social debería enfrentar una situación delicada: el incumplimiento respecto de la indicación judicial.

 

  Matías entra a mi consultorio, no me saluda, no me mira, sino que con gran rapidez tira y rompe todo lo que está a su alcance. Me paro delante, lo miro y le digo: “te espero mañana”. Así sucedieron muchas entrevistas: él, entregado a la acción vertiginosa y violenta; y yo decidida a que la catástrofe no se produzca.

 

  No obstante su conducta altamente disruptiva, consideramos que es un niño muy obediente: ha aceptado con altísima fidelidad la denominación “intratable”.

 

  En nuestra consideración, eso tirado, golpeado, roto, es él mismo. La intervención se orientó a no ofrecerme a su golpe y no golpearlo, o sea, mi intervención no podía ser una respuesta a su violencia. La maniobra desarrollada consistió en entrevistas muy cortas, responder con silencio, mirarlo con tranquilidad, ofrecerle otro encuentro, con el objetivo de acoger al sujeto en su sufrimiento, intentando habilitar un espacio para otro trato.

 

  En una nueva entrevista me encuentro dirigiéndole una pregunta: “¿Tomaste la leche?”. Lo invito a trasladarnos a la cocina en donde se instala “sentándose a la mesa” con toda calma. Preparo la merienda, la cual tomamos en silencio. Luego me mira y dice: “¿Qué va a hacer usted conmigo? Respondo: “Quiero que hables, te espero mañana”.

 

  Se trata de habilitar otro lugar: ¿la cocina o la palabra? La cocina: algo del orden de la táctica. “Quiero que hables”: Apertura de otro lugar. A la entrevista siguiente, Matías entra en el consultorio pegando un salto y poniéndose en posición de esgrimista grita: “Soy un matón, colorín colorado el cuento ha terminado”. Frente a lo cual intervengo: “¿A quién mataste?”. Se produce un largo silencio, la angustia lo invade por primera vez. Dice: “No sé, quiero que me ayude a saber”.

 

 

La reclusión de “Soledad” (2)

 

  “Te quitan el derecho de decidir por vos misma… Todo está decidido: las horas de acostarse y levantarse, de bañarse, de comer, de trabajar… Cuando uno sale y tiene que tomar decisiones no sabe hacerlo, al final es más cómodo ajustarse a la rutina que te proponen y no pensar”.

 

  Esas son las palabras de Soledad, una adolescente de 14 años que estuvo en un hogar asilar, en la búsqueda del “hogar perdido”. Su madre se había suicidado hacía dos años y su padre había contraído nuevo matrimonio. Ella no pudo tolerar la presencia de la mujer del padre y cometió unos delitos menores con el propósito de que “la policía se encargara de darle un hogar”. 

 

  Es posible que algo del aroma al mismo haya encontrado, pues hay algunas referencias en su discurso que se cruzan: “mi mamá se suicidó con una dosis muy alta de raticida”, “en el hogar te tratan como si fueras una rata”, “en la nueva casa de mi padre sentía como si no perteneciese a nadie”, “en el hogar sos nadie”

 

  ¿Podemos pensar el costo que ha tenido el hogar judicial para que allí se realice el tránsito de hija a rata? ¿Des-humanización? ¿Será esta la función de un hogar? ¿Y su función de rehabilitación?

 

  Se trata de la organización de comunidades de segregación,  en donde los niños/as y adolescentes construyen una vida como “desplazados” (un delito organizado con difícil retorno, como “fábrica de generaciones esclavas”).

 

  Soledad nos advierte: Te quitan el derecho de decidir”.

Y de este modo, las instituciones propuestas por diversas políticas públicas generan una violencia que tiene una particularidad, la de ser adoptada como pauta cultural. Es la máxima violencia que se puede realizar al pueblo, considerándolo como colectivo y como uno por uno. Por eso, en nuestra consideración, se trata de “delito organizado”.

 

  ¿Cómo pensar el derecho a la identidad en esta condiciones?

 

 

“Mariano”: ADD o solo escupidas (3)

 

  El esposo de la madre, quién cuida al niño, comenta: “Mariano tiene ADD, lo diagnosticó el Dr. X y está medicado, toma la medicación pero no le hace nada, patea todo, escupe todo”.

 

  Entre varias intervenciones, se le pregunta por su profesión y comenta: “hay muchas cosas que no me gusta hablar, es decir, a mí no me gusta hablar, en mi trabajo casi no se habla, ¡se dice! Una publicidad tiene que decir algo claro y que los demás obedezcan. Yo en mi laburo logro eso y en mi casa “no”.

 

  “Al chico lo crío yo, no sabe quién es su padre, me encargo de todo, de los deberes, de ir al colegio, de llevarlo a la piscina, al club, yo le hago de padre y creo que él me acepta pero cuando se le antoja hace lo que se le canta, y entra a escupir por todos lados”.

 

  Respecto de la madre refiere: “Conocí a María en un boliche, ella trabajaba en la barra… Le conseguí otro trabajo, en una empresa, pero no cumple, la tengo que despertar como a un chico. Ella se despabila a la noche, a esa hora es hiperquinética. Tiene 22 años y tuvo a M. de muy chica, a los 16… A veces discutimos mucho delante de M., y él eructa, escupe, se tira pedos….”

 

  La madre comenta: “Comencé a trabajar y me emborrachaba mucho, y dormía durante el día, yo me daba con todo y no me importaba… me acostaba con quien cualquier mierda y lo hacía más rápido que una escupida”.

 

  Mariano también dice algo cuando se le pregunta por su fin de semana: bien, fui al club (pausa) muy mierda, estos dos se pelean porque yo soy ADD”, escupiendo repetida y estruendosamente.

 

  Es absolutamente obvio que M. se ocupa de realizar el máximo efecto de mostración, un “reality show” a través de todas las exhalaciones del cuerpo. Podríamos interrogarnos ¿a quién van dirigidas? ¿No saber sobre su identidad tendrá alguna relación?

 

 

Algunas consideraciones como invitación a reflexionar sobre el tema

 

  La crisis de orden jurídico que se vive a nivel global constituye la ocasión del cultivo para que las personas individuales se congreguen en reacciones colectivas alrededor del delito, se organicen para consumarlo y construyan modos de vida que le otorgan vigencia y lo legitiman. Y, entre este tumulto delictivo se naturaliza la falta de derechos en general, y en particular, la falta de derechos humanos relativos a los niños/as.

 

  Demás está considerar que los niñxs en la actualidad, las más de las veces, pasan muchas horas institucionalizados de modo tal que no les queda tiempo para fantasear, lo cual en nuestra consideración ocasiona niños “en banda o des-bandados”, pues no tienen mucha posibilidad de construir el armazón de la neurosis infantil y el fantasma fundamental.

 

  Y, ¿el derecho a vivir en familia? ¿Cómo se construye la identidad si no hay tiempo para la transmisión de cuentos de familia, modo de construir genealogía y filiación?

 

  Allí donde los niños solicitan ser vistos, o sea, ser escuchados, solo reciben la mirada ciega de diversos espacios anómicos que parecieran no entender que se trata de dar posibilidad a la construcción de los primeros pasos de la subjetividad, del sujeto infantil.

 

  La renuncia a la inscripción filiatoria personal en el linaje familiar, social, cultural de cada uno, se desplaza hacia la hegemonía del universo discursivo de nuestra época, la globalización. Así aparece una letal novedad: la constitución de “infancias en falta de mitos y leyendas” (Minnicelli, 2010).

 

  Los ideales del humanismo se resuelven en el utilitarismo del grupo. Y como el grupo que hace la ley no está, por razones sociales, completamente seguro respecto de la justicia de los fundamentos de su poder, se remite a un humanitarismo en el que se expresan, igualmente, la sublevación de los explotados y la mala conciencia de los explotadores. La antinomia ideológica refleja, aquí como en otras partes, el malestar social” (Lacan, 1984).

 

  En la actualidad, posiblemente detrás de un exceso de declaraciones o de inflación legislativa queda oculta la falta de acciones concretas.

 

  La inscripción de la legalidad subjetiva se trata de la cuestión de la relación del sujeto al Otro, portador de un tesoro de significantes, portador de la legalidad de la cultura, denominado por Legendre “Tercero social de la palabra” (Legendre, 1974), vehículo del universo simbólico en el cual la cuestión de la infancia opera.

 

  Eso llamado sociedad, afirma Legendre, se sostiene en los montajes institucionales que normativizan ficciones y ofrecen el marco social simbólico de producción de subjetividad.

 

  En este sentido, las cuestiones vinculadas a las legislaciones e instituciones modernas sobre los menores de edad se han mimetizado con improntas de una paternidad debilitada y posiblemente fallida. Si bien esta referencia es un lugar común, ella implica que se ha suspendido otra: “NIÑO” es un nombre de la subjetidad.

 

  Nos interesa resaltar lo que queda invisibilizado, y coherentes con nuestro estilo interrogativo, lo haremos bajo el modo preguntas:

 

  ¿Cómo piensa la infancia aquel en un tiempo donde la misma ya no es la posición de un niño en relación a su parental lugar de identificación?

 

  ¿Qué piensan los niños, es decir, cuáles son sus teorías sexuales infantiles respecto de su acontecer?

 

  ¿Cuáles son las consecuencias para el proceso de identificación –propio del sujeto infantil– cuando el Derecho no alcanza a articular el poder con los ciudadanos, y pierde legitimación, consistencia y eficacia?

 

   Consideramos que a partir de estas preguntas podemos darle la palabra a los niños/as y otorgarles su primer derecho, el de ser niños/as escuchados.

 

 

Imagen*: Acrílico y collage sobre madera, de “La saga de Juanito Laguna”. Serie inmortalizada por Antonio Berni. Destacado artista plástico argentino, (1905-1981)

 

Nota: Las viñetas desarrolladas respetan la lógica de cada caso, pero portan las transformaciones necesarias para sostener la discrecionalidad y reserva correspondientes al abordaje clínico.

 

 

Referencias bibliográficas y notas

 

Lacan, J. (1984-1950) “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología” Suplemento de escritos. Buenos Aires: Argot.

Legendre, P. (1974) El amor al censor. Madrid: Anagrama

Minnicelli, M. (2010) Infancias en estado de excepción.  Buenos Aires: Noveduc.

 

Artículo completo en:

(1) https://ephep.com › content › texte › amelia-haydee-imbriano-intervencion.

(2) https://www.elsigma.com › psicoanalisis-ley › la-reclusion-de-soledad

(3) www.fort-da.org › fort-da12 › imbriano

 

 


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