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Vida pendular… Aproximación al análisis de una modalidad de la defensa en mujeres que sufren violencia: la desmentida11/10/2019- Por Silvana L. Lerma - Realizar Consulta
Este trabajo tiene la pretensión de ser un aporte para pensar la posición de las mujeres que desconocen el riesgo al que se encuentran expuestas en una relación en la que sufren violencia. El mecanismo de desmentida como modalidad de la defensa ha sido hallado con regularidad en el análisis del relato de consultantes… Es habitual que para quienes integran equipos interdisciplinarios de asistencia a mujeres que sufren violencia, resulte incomprensible y hasta frustrante que aún en casos extremos de violencia física la mujer afectada no identifique la gravedad del hecho ni el riesgo que corre su vida.
Grabado de Gustave Doré para el cuento de Charles Perrault*
Introducción
La violencia sufrida por las mujeres en nuestra época ha alcanzado una visibilidad antes impensada. Una multiplicidad de discursos desde distintas disciplinas, sociología, derecho, psicología, psicoanálisis, entre otros, se ocupan de formular sus propios desarrollos teóricos y en algunos casos incluyen recomendaciones para su abordaje. Se trata de un problema social y subjetivo, que se encuentra incorporado a las agendas de las organizaciones civiles y también estatales.
Las denominadas políticas públicas con perspectiva de género implementan programas de promoción de derechos, prevención de violencia y asistencia a mujeres que la sufren. Sin embargo las estadísticas de feminicidio son alarmantes, la escalada de violencia contra las mujeres no cesa. El movimiento de mujeres crece y denuncia la alianza entre patriarcado y capitalismo, la opresión sufrida por generaciones y organiza la resistencia.
Mientras tanto, la muerte de mujeres en manos de parejas o exparejas o las largas convivencias bajo malos tratos, nos interroga sobre las relaciones amorosas y la necesidad de una escucha atenta al relato singular del sufrimiento de cada una.
Este trabajo tiene la pretensión de ser un aporte para pensar la posición de las mujeres que desconocen el riesgo al que se encuentran expuestas en una relación en la que sufren violencia. El mecanismo de desmentida (1) como modalidad de la defensa ha sido hallado con regularidad en el análisis del relato de mujeres que consultaron por encontrarse sufriendo violencia en sus relaciones sexo afectivas.
Los mecanismos de defensa. Breve reseña
El desarrollo teórico del psicoanálisis en sus diversas corrientes ha demostrado y corroborado a través de la vastísima experiencia clínica de este campo que, los mecanismos de defensa son utilizados por el Yo con el fin de defenderse de un peligro tanto externo como interno, un peligro real del mundo o, mejor dicho, su representación en el psiquismo, y también de las exigencias de la instancia psíquica superyó.
Laplanche y Pontalis (2004), denominan mecanismos de defensa a los “Diferentes tipos de operaciones en las cuales puede especificarse la defensa” (p. 221).
La complejidad radica, en que los mecanismos preponderantes son muy variados dependiendo –entre otros factores– del grado de elaboración del conflicto defensivo que se plantee, del tipo de afección que se esté considerando, y según la etapa genética a la que el sujeto ha quedado fijado. Por eso no es posible definir taxativamente que mecanismos estarán presentes siempre y de manera inequívoca frente a las mismas situaciones o cuadros psicológicos, si bien es posible, como ha podido hacerse, identificar series de mecanismos de defensa que es plausible llegar a encontrar en la psicosis, en la neurosis obsesiva, en la perversión.
A lo largo de su obra, Freud desarrolla la definición de “mecanismo de defensa” en diversos pasajes de la misma. En los Escritos Metapsicológicos de 1915, va a presentar dos acepciones, utilizando el término para designar “el conjunto del proceso defensivo característico de una determinada neurosis, ya sea para indicar la utilización defensiva de tal o cual «destino pulsional»; represión, vuelta hacia la propia persona, transformación en lo contrario.” (Laplanche y Pontalis, 2004, p. 222).
Dentro de los mecanismos de defensa, la teoría psicoanalítica ha conceptualizado: la represión, la regresión, la formación reactiva, el aislamiento, la anulación retroactiva, la proyección, la introyección, la vuelta hacia la propia persona, la transformación en lo contrario, la sublimación, la negación y la desmentida, entre muchos otros.
Surge el interrogante acerca de, si debido a la multiplicidad de operaciones que se engloban bajo el concepto mecanismos de defensa, es posible hablar de la utilización de un “concepto verdaderamente operacional”. Laplanche y Pontalis (2004) llegan a la conclusión de que a fin de esclarecer este punto, es necesario demostrar de qué manera un mismo proceso puede funcionar en varios niveles.
En éste mismo sentido, particularmente en lo que concierne al mecanismo de desmentida, advierte Octave Mannoni (1973) que a partir de las afirmaciones de Freud, aislando sus ejemplos y analizando sus aspectos formales, es posible obtener una serie de elementos repetidos en casi todos los casos, lo que nos permite arribar a una definición operativa de este mecanismo. El que será desarrollado en el apartado siguiente.
Desmentida
El concepto de desmentida o “Verleugnung” en su original alemán, fue utilizado por Sigmund Freud para designar a un mecanismo de defensa que se erige ante la angustia de la amenaza de castración y apunta a no dar por verdadera a una percepción de la realidad externa.
Esto fue desarrollado en profundidad por Freud en su artículo sobre el “Fetichismo” de 1927 y continuado, ampliado y reelaborado en sucesivos escritos, tales como “Algunas consideraciones psíquicas sobre la diferencia anatómica de los sexos” de 1925, en “La escisión del yo en el proceso defensivo” (1940), publicado en forma póstuma, y en el capítulo VIII del “Esquema del psicoanálisis” (1940) por mencionar algunos.
Sin embargo, este concepto de desmentida no parece quedar claro en su totalidad. Daría la impresión de que se asigna este nombre a un grupo demasiado grande de operaciones defensivas, que operan en el niño pequeño y en el adulto.
A este respecto, Moses, R. (1986) en su escrito “La desmentida en adultos no psicóticos: una discusión sobre algunos de sus aspectos adaptativos y no adaptativos” va a plasmar muy acertadamente cuales son los problemas al momento de hablar del concepto de desmentida:
“Permítanme enumerar algunos de los problemas particulares con el concepto de desmentida, que se destacan en la literatura: ¿Es la institución de la desmentida un proceso consciente o un proceso inconsciente? ¿Se dirige hacia una realidad amenazante externa o interna? ¿Se presenta en una fase primitiva, arcaica del desarrollo; de manera que, por tanto, lo encontramos utilizado por personas muy perturbadas o borderline? O, quizás, ¿pertenece a una etapa posterior, por lo que se encuentra principalmente en personas neuróticas y normales? Y por último, ¿el mecanismo de defensa de la desmentida elimina, por decirlo así, la existencia total de lo percibido de lo cual el sujeto se quiere defender? O, por el contrario, ¿se borra sólo el impacto, el sentido o el significado de lo que lo amenaza, y de este modo se defiende?” (p. 77)
Tanto en el desarrollo teórico de Freud, como en los desarrollos realizados por autores post-freudianos, se han esgrimido multiplicidad de respuestas que dan lugar a diferentes posicionamientos con respecto a si la desmentida, o renegación como también ha sido traducido este concepto, debía considerarse como perteneciente a la psicosis, a la neurosis (2) o a la perversión.
Laplanche y Pontalis (2004) señalan que, el concepto de desmentida o renegación fue utilizado por Freud para nombrar a un modo de defensa consistente en un rehusamiento a reconocer la realidad de una percepción traumatizante, principalmente la ausencia de pene en la mujer, por parte de un sujeto.
Dicho proceso defensivo no implica una anulación de la percepción, como es el caso del rechazo psicótico (en el que hay un rechazo de la realidad), sino que en el proceso defensivo de la desmentida lo que se encuentra es una acción sumamente enérgica a fin de mantener renegada una percepción que resultaría traumatizante para el Yo.
Este renegar enérgicamente una percepción estableció en un comienzo una complicación terminológica, en relación al concepto de represión y el de escotomización. Sobre esto, en 1927, expresa Freud su postura y delimita claramente la diferenciación existente entre “escotomización”, “represión” y “desmentida” o “renegación”. Dice en su trabajo sobre el Fetichismo que:
“Laforgue diría en este caso que el muchacho «escotomiza» la percepción de la falta de pene en la mujer. No es el caso aquí; la pieza más antigua de nuestra terminología psicoanalítica, la palabra «represión» {«Verdrängung», «desalojo»}, se refiere ya a ese proceso patológico. Si en este se quiere separar de manera más nítida el destino de la representación del destino del afecto, y reservar el término «represión» para el afecto, «desmentida» seria la designación alemana correcta para el destino de la representación.” (Freud, 1927, p. 148)
Comenta Strachey en sus notas al pie en el texto del Fetichismo, que Freud, en el capítulo VIII del “Esquema del Psicoanálisis”, establece una distinción más clara del empleo de ambos términos. Dirá, que “la represión” se aplicaría a la defensa contra las demandas pulsionales internas, y la “desmentida”, a la defensa contra los reclamos de la realidad externa” (Strachey, p.128).
Al respecto Mannoni señala la confusión del analista al adjudicarle a la represión lo que en realidad es producto de la desmentida, volveremos sobre esto más adelante.
Autores contemporáneos han realizado importantes aportes, que arrojan nueva luz sobre el concepto de desmentida.
Entre ellos Bleichmar (1984) quién en “Introducción al estudio de las perversiones” dirá que en la represión el inconsciente sabe de la realidad mientras que la conciencia solo conoce elementos desprovistos de sentido y enfatizará que la represión no se ejerce sobre la realidad misma, sino sobre la representación de dicha realidad. Por otra parte, identifica a la desmentida (renegación) como el reemplazo de una realidad por otra que le es recíproca.
Aclara Bleichmar que esta realidad que viene a reemplazar a otra, no es una alucinación. La desmentida consiste en el rechazo de una representación a través de una afirmación de la opuesta, suplantando la percepción por otra.
Esto mismo ya había sido expresado por Freud. En “Esquema del Psicoanálisis” (1938) va a decir en relación al Fetichismo que este:
[…] tiene su fundamento, como es notorio, en que el paciente (masculino casi siempre) no reconoce la falta de pene de la mujer, que, como prueba de la posibilidad de su propia castración, le resulta en extremo indeseada. Por eso desmiente la percepción sensorial genuina que le ha mostrado la falta de pene en los genitales femeninos, y se atiene a la convicción contraria. Pero la percepción desmentida no ha dejado de ejercer influjo, pues él no tiene la osadía de aseverar que vio efectivamente un pene. (Freud, 1938, p. 204)
Desde aquí podemos entender que la desmentida de una percepción no implica la pérdida de tal percepción, no se trata del rechazo de una percepción del mundo exterior, sino del rechazo de las consecuencias que dicha percepción provoca sobre una creencia previa que se quiere mantener.
De éste fragmento se derivan dos consideraciones que serán de suma importancia para el análisis de esta modalidad de la defensa en mujeres que sufren violencia. En primer lugar, encontramos que el propio Freud no atribuye esta falta de reconocimiento de pene en la mujer, de manera exclusiva al hombre, “[…] el paciente, (masculino casi siempre) […]” (Freud, 1938, p. 204) habilitando a pensar de esta manera a la desmentida como un mecanismo utilizado tanto por hombres como por mujeres.
En segundo lugar, se desprende de esta definición que brinda Freud, que la desmentida da como resultado una escisión del Yo. Strachey en (1940 [1938]), relaciona esto con un problema más amplio, diciendo que es “una «alteración del Yo» invariablemente producida por los procesos defensivos” (Strachey, J. en Freud, p. 274).
Como veremos a lo largo del desarrollo de este apartado, la escisión del Yo será discutida por los posfreudianos, quienes van a preferir referirse a “diferentes niveles de conciencia”. Siendo este un aporte significativo al momento de analizar la desmentida como modalidad de la defensa en mujeres que sufren violencia.
Volviendo al desarrollo freudiano:
[…] en su comportamiento (en el de los niños) se expresan al mismo tiempo dos premisas contrapuestas. Por un lado, desmienten el hecho de su percepción, a saber, que en los genitales femeninos no han visto pene alguno; por el otro, reconocen la falta de pene de la mujer y de ahí extraen las conclusiones correctas. Las dos actitudes subsisten una junto a la otra durante toda la vida sin influirse recíprocamente. Es lo que se tiene derecho a llamar una escisión del yo. (Freud, 1938, p. 205)
Esta paradójica coexistencia de una antigua creencia con un saber que ha venido a anularla pero cuyas consecuencias son desmentidas, implica necesariamente para Freud una escisión en el Yo del sujeto.
Y esto no es algo nuevo y diferente. Tal como referencia Stratchey en sus Notas Introductorias al texto “El Fetichismo”, Freud, en “La escisión del Yo en el proceso defensivo” señala que:
“la «escisión del yo» no es exclusiva de aquel (el fetichismo) sino que tiene lugar, en realidad, en muchas otras situaciones en que el yo enfrenta la necesidad de erigir una defensa -y esto último ocurre no sólo en la desmentida sino además en la represión” (Strachey, p. 145)
Esto permite pensar, que si esta escisión ocurre en diversas situaciones en donde el Yo enfrenta la necesidad de erigir una defensa, la desmentida no sería un mecanismo exclusivo de la perversión, así como no es la represión una defensa exclusiva de la neurosis.
En el capítulo VIII de “Esquema del Psicoanálisis” (1940 [1938]) Freud va a darle un nuevo giro a su conceptualización de la “desmentida” en relación a esta escisión del Yo añadiendo algo más, que separará ahora a la desmentida de la psicosis.
Va decir que el fetichismo no constituye una excepción con respecto a la escisión del yo, sino que este se le presentó como un objeto particularmente favorable para el estudio del mismo, ya que la desmentida de las percepciones que anotician de un reclamo de la realidad objetiva “[…] sobrevienen asaz a menudo, no solo en fetichistas; […]” (p. 205). Dirá asimismo, que tales desmentidas:
“[…] se revelan como unas medidas que se tomaron a medias, unos intentos incompletos de desasirse de la realidad objetiva. La desautorización es complementada en todos los casos por un reconocimiento; se establecen siempre dos posturas opuestas, independientes entre sí, que arrojan por resultado la situación de una escisión del yo. También aquí, el desenlace dependerá de cuál de las dos pueda arrastrar hacia sí la intensidad más grande. Los hechos de la escisión del yo que hemos descrito no son tan nuevos ni tan extraños como a primera vista pudiera parecer. Que con respecto a una determinada conducta subsistan en la vida anímica de la persona dos posturas diversas, contrapuestas una a la otra e independientes entre sí, he ahí un rasgo universal de las neurosis;” (Freud, p.205)
En éste sentido, Freud va a reconocer que es un rasgo universal de las neurosis el que en la vida anímica de las personas, bajo determinadas condiciones, convivan dos posturas contrapuestas, es decir, que exista una escisión del Yo.
Respecto de si la desmentida constituiría un mecanismo normal de los adultos, o si por el contrario, únicamente es lícito encontrarlo en niños pequeños y en personas con un alto grado de psicopatología, En “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos”, Freud se va referir a la desmentida de la castración en la niña pequeña diciendo:
“La esperanza de recibir alguna vez, a pesar de todo, un pene, igualándose así al varón, puede conservarse hasta épocas inverosímilmente tardías y convertirse en motivo de extrañas acciones, de otro modo incomprensibles. 0 bien sobreviene el proceso que me gustaría designar desmentida, que en la vida anímica infantil no es ni raro ni muy peligroso, pero que en el adulto llevaría a una psicosis.” (Freud, 1925, p. 271-272)
Este posicionamiento, como se vio, no permanece inalterable en Freud. Conforme avanza el desarrollo de su trabajo clínico y en forma paralela, se va modificando su concepción teórica, se le va haciendo cada vez más evidente que el mecanismo de defensa de la desmentida no es de uso exclusivo de los niños pequeños ni del psicótico.
Al respecto, dirá Moses (1996) en su escrito “La desmentida en adultos no psicóticos: una discusión sobre algunos de sus aspectos adaptativos y no adaptativos” que:
[…] la desmentida es también un mecanismo normal en adultos. [...] Creo que una manera de entender esto es mirando cómo se utiliza de distintas maneras. Cuando se utiliza en forma limitada, es un mecanismo muy generalizado en los adultos, mucho más de lo que generalmente damos crédito. En los adultos a menudo vemos la activación de una desmentida más extensa frente a una realidad externa particularmente amenazadora, sobre todo cuando hay peligro para la existencia física o psicológica.” (Moses, 1986, p. 79)
Moses agrega algo más a esta diferenciación. Va a decir que para su entender este tipo de desmentida (la de la vida adulta) no parece tener la misma forma primitiva que presentan niños o personas psicóticas o borderline. Dice que esta desmentida:
“No se enfrenta tan fuertemente con la realidad ni elimina totalmente a la prueba de realidad. Es usada aquí con mayor diferenciación y se aplica a un área más limitada de la realidad y del funcionamiento psíquico. Esta versión para adultos de la desmentida se pone en movimiento, entonces en personas no muy perturbadas; es activada de manera inconsciente; y está dirigida principalmente, si no exclusivamente, a la realidad externa.” (Moses, 1986, p. 79)
Es habitual que para quienes integran equipos interdisciplinarios de asistencia a mujeres que sufren violencia, resulte incomprensible y hasta frustrante que aún en casos extremos de violencia física la mujer afectada no identifique la gravedad del hecho ni el riesgo que corre su vida. O bien, que habiendo percibido parcialmente tal situación, se niegue a efectuar la denuncia contra quién ejerció violencia (generalmente la pareja o ex pareja, conviviente o no) o decida retirarla en caso de haberla realizado.
Estos frecuentes cambios de opinión en las mujeres en situación de violencia, generan incertidumbre en su círculo más cercano, familiares y amistades y también en los profesionales que las asisten.
Dirá Moses (1986) basado en su experiencia, que en realidad tales desmentidas conllevan a lo que él llama “[…] una conciencia de varios niveles concurrentes en relación de lo que se desmiente […]” (p. 80). Tales niveles, considera el autor, no se hallan tan separados como lo comprendía Freud cuando postuló el desencadenamiento de una escisión del Yo en relación a la percepción de la realidad amenazante de la ausencia de pene en la mujer.
“A mi entender los diferentes niveles de conciencia son, más bien, co-existentes. A menudo están en un estado de cambio lo que significa que la desmentida tiene sus altas y bajas; que hay cambios en el tiempo, tanto en lo que se desmiente como en la medida en que se desmiente” (p. 80)
Lo que Moses menciona como “altas y bajas de la desmentida” y relaciona con la coexistencia de varios niveles de conciencia de lo que se desmiente, contribuye a explicar la autopercepción que las mujeres pueden alcanzar de esta dinámica de la defensa, a la que ellas mismas describen como vida pendular (3). Se trata de la percepción que las propias mujeres tienen de la oscilación de representaciones opuestas que coexiten y se manifiestan en forma alternativa en la conciencia.
No se trata de un proceso patológico, todos los autores coinciden en señalar, que pueden desmentirse ciertos aspectos de la realidad y no otros.
“[…] con el fin de examinar el mecanismo de la desmentida con cierto detalle, hay que eliminar artificialmente el suelo psicológico que rodea a este concepto y en el que está integrado de forma natural y consistente. En otras palabras vamos a examinar la operación de la desmentida como si estuviera separada de la matriz de la personalidad en la que funciona. Esto es obviamente una desventaja grave; sin embargo, una que es necesaria, creo, con el fin de examinar el uso de la desmentida tal como es utilizado por muchas personas en situaciones similares.” (Moses, 1986, p. 78-79)
Continuando con ésta línea de pensamiento, será Mannoni (1973) quien proponga la operativización de la desmentida, en su libro “La Otra escena: claves de lo imaginario”, donde relaciona la problemática de la desmentida con el tema de la creencia.
Éste autor considera que ante todo lo que es repudiado es el efecto que una realidad inflige a una creencia y para llegar a esta conclusión, distingue cómo se observa a la desmentida en el niño pequeño, en el adulto neurótico, en el fetichista y en la situación analítica.
“Trátase, en todo caso, de hechos que encontramos por doquier, en la vida cotidiana y en los análisis. En éstos, se presentan en forma típica, casi estereotipada, cuando el paciente, algunas veces con dificultad, otras con satisfacción, emplea la fórmula: «Ya sé qué...pero aun así...»” (Mannoni, p.11).
Podrá el analista creer que se trata de una represión y contentarse con la idea de que la interpretación ha llegado a la conciencia pero no al inconsciente, explicación que no nos ayuda a vislumbrar qué es preciso hacer.
“El inconsciente está demasiado lejos, el paciente es por así decirlo demasiado espeso: hay un excesivo espesor entre su conciencia y su inconsciente. Ahora bien, el «pero aún así...» no es inconsciente. Se explica por el deseo o el fantasma que actúan como a distancia y es precisamente a esa lejanía donde, en última instancia, habrá que llegar [...] Aunque la explicación, como siempre, esté del lado de la represión, necesitamos ante todo estudiar la Verleugnung como tal.” (Mannoni, 1973, p.12)
Para Mannoni el neurótico “[...] al igual que todo el mundo, en virtud de una especie de desplazamiento utilizarán el mecanismo de la Verleugnung con relación a otras creencias como si la Verleungnung del falo materno trazara el primer modelo de todos los repudios de la realidad y constituyese el origen de todas las creencias que sobreviven al desmentido de la experiencia.” (p.11).
Y continúa: “Ésta fórmula «Ya lo sé, pero aun así» no siempre nos parece [tan] sorprendente, a tal punto estamos habituados a escucharla; es, en un sentido, constituyente de la situación analítica; hasta se podría decir que, antes del análisis la psicología no había querido aferrarse más que al <<Ya lo sé>> tratando de desembarazarse del «Pero aun así...»”. (p.11).
Destaca especialmente la función del crédulo/crédula, a la que considera necesaria para el sostenimiento de una creencia que de otro modo sería destituida por la percepción de la realidad.
Para introducir la definición operativa del mecanismo de defensa de la desmentida, Mannoni dirá que si definimos a la desmentida como un mecanismo mediante el cual el sujeto rehúsa aceptar la realidad traumatizante de la ausencia de pene en la mujer, nos encontramos con enormes dificultades.
Pero sin embargo destaca, que si en cambio analizamos las afirmaciones de Freud sobre desmentida aislando sus ejemplos y analizando sus aspectos formales, podemos obtener una serie de elementos repetidos en casi todos los casos, lo que nos permite arribar a una definición operativa (4) del mecanismo de defensa de la desmentida.
Reflexiones finales
La hipótesis del movimiento pendular de las representaciones, inherente al dinamismo propio del mecanismo de desmentida, es percibido por las mujeres que sufren violencia como vida pendular. Se manifiesta en un ir y venir, algunas veces discursivo otras también material, mudanzas, traslados a centros de protección, pedido de refugio en casa de familiares o amigos.
En ocasiones se expresa en la alternancia frecuente entre las asistencias e inasistencias a las sesiones, a las consultas jurídicas o médicas. Y los reiterados intentos de reanudar la relación con quien las violenta, situación que muchas veces es ocultada por las propias mujeres a su entorno y también a los profesionales que las asisten.
La identificación de la desmentida como mecanismo de defensa, en palabras de Mannoni su operativización, permite diseñar estrategias de abordaje clínico que favorezcan el trabajo en transferencia sobre la percepción subjetiva de la oscilación de representaciones opuestas. El mismo es puesto de manifiesto por las propias mujeres en los resquicios discursivos a través de los que expresan su cuestionamiento.
Quienes hemos escuchado o escuchamos en la clínica a mujeres que sufren violencia sabemos que tanto en los momentos de crisis como en aquellos de mayor estabilidad, se produce en los relatos un movimiento oscilante, una incerteza que interroga en las mujeres su lugar en la relación.
Se trata entonces de intervenir en las fisuras del relato que ponen en cuestión, si se quiere lo que se desea o se desea lo que se quiere.
Siguiendo a Mannoni, diremos entonces que mientras tantos se ocupan del “ya lo sé”… algunos vendremos a ocuparnos del “pero aún así”.
Imagen*: grabado de Doré para la edición 1883 de “Caperucita roja”. Gustave Doré fue un destacado pintor, ilustrador, dibujante y grabador francés (1832 – 1883). Publicó su primer grabado a los 15 años.
Notas
(1) Las categorías vida pendular, crédula y desmentida emergieron entre los hallazgos de la tesis de maestría Mecanismos de justificación del maltrato en el relato autobiográfico de una mujer que sufrió violencia de género, publicado en la Ciudad Autónoma de Bs. As. en el año 2007, bajo la dirección de la Dra. Irene Meler. Se trató de una investigación cualitativa en la que fueron analizados mediante la aplicación del Método Comparativo Constante –en adelante MCC– (Glaser y Strauss, 1967), los fragmentos del libro La boluda. Psicología de la mujer de un militar. (Matus, S., 2007)
La categoría desmentida, se identificó como el principal mecanismo de justificación del maltrato, dando respuesta al interrogante de la tesis y la posición de la crédula como necesaria para el sostenimiento de una creencia que de otro modo sería destituida por la percepción de la realidad, lo que llevó a consignar la autodenominación de la autora boluda, en adelante crédula como categoría central. En cuanto a la categoría vida pendular, se trata de un código en vivo (MMC), es decir una frase tomada textual del relato analizado, resignificada como autopercepción de la oscilación de representaciones, propia del mecanismo de desmentida.
(2) Gorodischer, C. (2015) El tratamiento de la desmentida en la clínica de las neurosis. En D. Gomez (Presidencia), Analistas hablando de su práctica. Seminario llevada a cabo en las Primeras jornadas del departamento de psicoanálisis de la Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina.
(3) Ver (1).
(4) Del seguimiento del concepto en la obra de Freud, Mannoni (1973) concluye que hay desmentida cuando se produce:
- Una afirmación, seguida de una preposición adversativa (pero, mas, aun así, etc.) y luego una negación o desvalorización de la afirmación inicial, o una afirmación contradictoria.
- Una afirmación "1", seguida de una preposición adversativa, luego una proyección y finalmente una afirmación "2".
- Aparición de un prejuicio que desmiente una percepción.
- Afirmación de la castración o del afecto seguida de una acción compensatoria que desmiente la castración o afirmación de una creencia compensatoria (poder divino) que la desmiente.
- Aparición de un elemento "x" (fetiche, doble) - que implica por el mismo hecho de su existencia - la desmentida de un elemento "y" (castración, muerte)
- Ignorancia o no aceptación de una realidad basándose en una creencia que se sostiene o se acompaña de un comportamiento "como si".
- Registro de una realidad, seguido de acciones que la "hacen desaparecer"
- Creencia previa o básica en función de la cual o cuya consecuencia es la ignorancia, no aceptación o rechazo de una realidad.
- Realización de un acto seguida de una preposición adversativa - pero - y luego una creencia que desmiente el acto.
- La desautorización (de la percepción o de sus consecuencias) - es complementada por - el simultáneo reconocimiento de la percepción o de sus consecuencias.
Bibliografía
Bleichmar, H. (1980). Introducción al estudio de las perversiones. Bs. As., Argentina: Ediciones Nueva Visión.
Freud, Sigmund (1992). Obras Completas. Bs. As., Argentina: Amorrortu Editores.
_____________ (1925). “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos”. Obras Completas. Volumen XIX, Pp. 259-276. A.E.
_____________ (1927). “El Fetichismo”. Obras Completas. Volumen XXI, pp. 141-152. A. E. ___________ (1940 [1938]b). “La escisión del Yo en el Proceso defensivo2. Obras Completas. Volumen XXIII, pp. 271-278. A.E.
Gorodischer, C. (2015) “El tratamiento de la desmentida en la clínica de las neurosis”. En D. Gomez (Presidencia), Analistas hablando de su práctica. Seminario llevada a cabo en las Primeras jornadas del departamento de psicoanálisis de la Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina
Laplanche, J. y Pontalis, J. (1981) Diccionario de Psicoanálisis. (3a. Ed.) Barcelona, España: Editorial Labor
Lerma, S. (2014b) “Violencia contra la mujer: desmentir, negar y justificar”. En S. Villegas (Coordinadora) Primera Jornada Internacional sobre género. Jornada llevada a cabo en la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAME), Toluca, México
Mannoni, Octave (1973) La otra escena: claves de lo imaginario. Bs. As., Argentina: Amorrortu Editores
Moses, Rafael (1986) Denial in non-psychotic adults—a discussion of some of its adaptive and non-adaptive aspects. Samiksa: Journal of the Indian Psycho-Analitical Society.40, (3), 77-93
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