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Batalla cultural. Consentir o disentir con la detestación de lo colectivo

06/02/2026- Por Jorge Eduardo Alonso - Realizar Consulta

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El presente desarrollo recala en aportes de diversos campos del conocimiento para pensar la incidencia del resentimiento social, activado como modelo identificatorio odiador, que brinda legitimidad y perpetuidad al enfoque colonial y al presente estado de cosas que dañan al tejido social. “Consentir con la política sacrificial y odiar la igualdad tiene un presupuesto suicida o exterminador. Disentir es la defensa de lo común, del lazo social, de la religación y de lo político para ahuyentar los falsos profetas y salvadores apocalípticos que nos llevan a lo peor”.

 

                                                                                                                                                     Priscilla Horton como Ariel en 1838*

 

 

   “Dos minutos de odio”

 

   George Orwell en 1984

 

 

 

La detestación

 

  El líder de ultraderecha en Argentina, en la fundación Faro, en diciembre de 2025, habló del resentimiento de la izquierda por su intento fracasado de imponer la idea falsa del socialismo del siglo 21. También ha dicho otras cosas desde que se conoce lo que dice.

 

“La justicia social es una aberración”. “Las necesidades sociales no fundan derechos sociales”. “La cuarentena es una tiranía que nos aprisiona y cercena la libertad”. “No hay comunes ni patrimonios naturales y culturales preservables, solo valen si hay escasez y se determina un precio”. Tampoco hay derecho a la salud, la educación, menos a la alimentación, la vivienda y el trabajo. La discriminación positiva es injusta (sic). El feminismo, el antirracismo y las luchas de los discapacitados son discriminatorias. Las feministas son canceladoras y feminazis que odian a los hombres, los antirracistas, son racistas blancos. No hay diferencias sexuales, que en privado cada uno haga de su culo un pito. No hay transgresión, ni injurias, solo seres libres. No existe lo común, lo público, porque eso genera privilegios. Los trabajadores formalizados tienen aguinaldo, vacaciones y otras ventajas de las que no gozan el resto de los trabajadores y es injusto. Los movimientos de los trabajadores informales, viven de los planes y no necesitan trabajar como el resto que los mantienen con su trabajo.

 

  Estos argumentos y los de su estilo son propagados y difundidos para capturar el malestar e inconformismo democrático por no haber logrado cumplir con las promesas de bienestar general y de procurar la felicidad del pueblo. Conectan con capas endotímicas donde anidan pasiones grises o emociones tristes cuya cualidad principal consiste en disminuir la potencia subjetiva. Entre otras, el resentimiento social, esa cuerda grave y gruñona, es activado generando legitimidad de todos esos enunciados.

 

  El ataque a los postulados de la igualdad sirve para justificar las políticas ultra/neo/liberales al servicio de los muy ricos y de una franja delgada en el nivel superior que goza de la propiedad y domina los lugares privilegiados en la jerarquía económica y consagra la desigualdad. Repararla es una pretensión aberrante que se arrogan indebidamente los políticos encendiendo el enojo y el resentimiento. Son los privilegios de la casta de políticos que defienden políticas públicas igualitarias con un fin espurio: enriquecerse.

 

  Ya lo decía Rodó en el Ariel1. Ariel se eleva a las fuentes de la cultura desde donde su amo Próspero le marca el rumbo. Ariel se aleja de la “casta” gozadora de privilegios obtenidos a costa de los pobres. Ariel es un espíritu libre encantado por Próspero con quien tiene una servidumbre voluntaria. Desprecia la igualdad y se emerge orgulloso sobre la masa, obedeciendo y cumpliendo los designios del Amo.

 

  El rechazo por lo popular y por la “casta” que la defiende, es por puro interés del Amo. Ariel es un roto, quiere ser libre y es más servil cada vez usando todo tipo de artimañas a favor de la prevalencia de Próspero. Termina siendo un liderazgo que linkea con el resentimiento vindicativo, escarmentoso y suicida yacente en las sombras del pueblo.

 

 

El resentimiento

 

  El resentimiento fue analizado por filósofos europeos a partir del siglo XVIII, XIX y XX. Kant, Nietzsche, Max Scheler, Theodor Adorno, Wilhem Reich, entre otros.

 

  Descripciones que ponen el acento en los efectos de la desigualdad que proviene del sistema burgués, liberal y capitalista que destila un afecto gris. Si las luchas revolucionarias del siglo XVIII y XIX ubicaron a la igualdad en un lugar principal, la frustración por no lograr materialmente esas promesas produjo entre otras reacciones el resentimiento. En ocasiones llevó a lo peor. Se conjugó con la servidumbre voluntaria, la moral de los esclavos, con el igualitarismo y con el fascismo. Más de un autor ubica al resentimiento en el centro de sus análisis y teorías.

 

  Uno es el francés Francois Dubet en el libro La época de las pasiones tristes.2 El autor describe que estamos en esa época causada por un sistema de desigualdades múltiples. Somos arrastrados a la frustración y al resentimiento y nos quedamos sin aliento para las luchas por una sociedad mejor. En este caso parece que el resentimiento queda producido por factores externos debilitando la potencia democrática de los sujetos.

 

  El segundo es el autor alemán Joseph Vogl quien publicó Capital y resentimiento3. El resentimiento forma parte del sistema económico. Al menos desde el surgimiento de la modernidad y el establecimiento de los derechos que consagran la igualdad. El abismo entre los derechos que la consagran y las condiciones materiales de los sujetos económicos produce un resentimiento que va a actuar como motor de la actividad económica.

 

  Es cultural, forma parte del espíritu capitalista, está vinculado al orden normativo del liberalismo, es un principio moral económico y es un estabilizador y estructurador básico del capitalismo. Esta utilización llega a nuestros días a través del sistema financiero e informático, la economía de plataforma, se construyen comunidades identitarias y afectivas. Los antagonismos se alojan en una misma plataforma que termina siendo una economía de los afectos.

 

  Si en el primer caso el resentimiento produce desilusión, desencanto, desvitalización y pérdida de valor de los conceptos que orbitan sobre lo democrático, en el segundo hay una especie de intensificación de los afectos, odio, envidia, resentimiento, crueldad que revitalizan y fortalecen la economía de plataforma que las soporta.

 

  Pertenecen a la estructura del capitalismo financiero e informático. Hay todo un mecanismo de activación del resentimiento a partir de las neo-comunidades digitales. Infraestructuras técnico-sociales de acceso inmediato, de cancelación inmediata, de activación de conjuntos y entidades sociales, de reacciones rápidas y balísticas que activa el resentimiento.

 

  Comunidades monádicas intensas que antagonizan con otras comunidades afectivas con fobias de mediación, con circuitos de retroalimentación, comunicaciones resistentes a la explicación, producción de particularidades divergentes en competencia y conflicto. Elementos que conforman el resentimiento como producto y productor del sistema económico, como su motor, a la vez que erosiona la potencia política y social. En este caso coincide con el planteo de Dubet.

Lo que produce el resentimiento es un agotamiento de las fuerzas políticas y sociales que son las que podrían modificar los aspectos antidemocráticos, injustos, desiguales hacia donde empuja el sistema capitalista casi sin frenos.

 

  La tercera es Cynthia Fleury quien se pregunta: “¿Cómo curar el resentimiento que corroe nuestras vidas?”4 Responde: la manera de hacerlo es establecer una lucha donde es necesario tolerar la incertidumbre y la injusticia. Al cabo de esa confrontación, hay un principio de aumento o incremento de sí. Este punto de partida opera un corte que separa las condiciones sociales actuantes, desprendiendo al sujeto de las mismas, debiendo afrontar, en parte, las manifestaciones resentimentales en el campo de la experiencia psicológica.

 

  Si bien resulta insuficiente plantear una psicologización del resentimiento es valiosa por exhaustiva la descripción y análisis que realiza. Describe al resentimiento como un rugido, una melancolía, amargura o dolor, producidos por la separación parental (madre) cuyo destino es la sublimación, la navegación como administración de la finitud (el mar).

 

  Se refiere a esos tópicos como territorios dialectizables. En la medida que un sujeto vaya hacia lo inconmensurable, lo abierto, dejará tras de sí amurallada la amargura original que lleva al resentimiento. La autora utiliza una homología en francés: l ́amer (amargura), la mère (la madre), la mer (la mar), las tres playas donde se despliega el libro.

 

  La primera, es la amargura. Una cura de psicoanálisis deberá abordar el sesgo resentimentista que genera el peligro de alienación, de cosificación tanto de sí como de los otros y una expropiación por el mismo, de sí mismo. El resentimiento es una reacción afectiva, que penetra en el corazón y abandona la expresión y actividad del sujeto. El resentimiento es rumia, reviviscencia, trauma, efracción, exasperación oscura, gruñosa y la moral de los esclavos.

 

  Hay una inercia en el resentimiento que prefiere la carroña, la impotencia, agriar todo, forcluir cualquier salida. La envidia es el resentimiento de tener y los celos es el resentimiento del ser. Lleva a un desfallecimiento del sí mismo, elige el goce de lo peor. Es una renegación (Freud). El resentimiento es un fetiche, obsesión, pantalla, máscara, memoria de la herida, gozo de la memoria y el castigo. El resentimiento es el igualitarismo (Max Scheler) que implica el agravio por ser tratado de manera igualitaria considerada como denigrante.

 

  Hay una melancolía que surge del desfase entre los derechos políticos y la realidad desigual, y que consiste en una reivindicación victimaria que es calificada como moral de los esclavos, según Nietzsche, que implica una reducción al mínimo de la responsabilidad.

 

  En segundo lugar, para Fleury, el resentimiento está planteado como insatisfacción por la separación de la madre y los intentos por volver a su seno. Ahí inscribe los comportamientos vinculados al fascismo tomando a Theodor Adorno. Este se ocupó del tema a partir de su doble experiencia: la del nazismo y la del exilio en EUA. Se formula la pregunta acerca de qué es lo que está en juego en el resentimiento que posibilitó la identificación con el Führer. Advierte que se debe a la debilidad del personaje.

 

  De este modo aborda el problema histórico del resentimiento colectivo que surge con el fascismo. El resentimiento se vincula con la venganza del débil, con la restauración del narcisismo herido. Según Adorno, se trata de la dictadura de los enfermos de persecución que realiza todas las angustias de persecución de sus víctimas. Victimización que rechaza el sometimiento. Es ahí que vira hacia la detestación colectiva y se encamina al libre curso de la destrucción del otro.

 

  Fleury reconoce los criterios de la personalidad resentimentistas en las potencialidades fascistas que estudia Adorno: el convencionalismo, el servilismo autoritario y la agresividad, la proyección, la manipulación, la cosificación que impide considerar al otro como sujeto y la relación meramente instrumental producto de esta reificación.

 

  Adorno vincula al capitalismo, la reificación y el resentimiento. La reificación como el proceso de cosificación de la vida y el sujeto, en tanto hace pasar todos los elementos de la vida del sujeto por las categorías económicas, lo calculable y binario donde hay descalificados, prescindibles, reemplazables, sujetos sin valor singular.

 

  En tercer lugar plantea que el resentimiento tiene como solución la apertura al universal, a la mar. Ahí se concentra en la figura de Frantz Fanon. Explica que Fanon denuncia la alienación social y psíquica del colonialismo, la racialización y cosificación que produjo e impulsa a librarse de la tutela y la reificación. Rechaza la ontologización del negro en tanto negro y promueve una “declosión” del mundo. La declosión es la “salida de ese magma emocional dramático productor de identidades que son cautivas sus culturas”.

 

  La eclosión consiste en desprender el miedo, el complejo de inferioridad, la genuflexión, la desesperación, la condición de lacayo a causa de su piel o condición social. El reto de Fanon es liberarse de la condición de negro en tanto negro y universalizarse. Fanon se refiere al inconsciente del antillano, el inconsciente colectivo impuesto por la colonización no es solidario de la estructura mental y cerebral del colonizado, ser negro es estar del lado oscuro, extranjero, del lado del mal, del mal nacimiento, la miseria, la muerte, la hambruna, etc.

 

  En tal condición solo queda el hundimiento psíquico, que lleva a una especie de astucia del mundo negro comparable al resentimiento tal como viene tratándolo Cintia Fleury. Continua con Fanon quien en el campo de la clínica de la subjetividad habla de la merma afectiva y de heridas en la existencia del colonizado que lo asemejan al resentimiento.

 

 

Consentir o disentir

 

  Fleury considera que la situación colonial genera una falta de confianza y un recelo que no hace posible el consentimiento. Desconfía hasta del médico, pero sobre todo de la forma en que estructura la vida el colonizador. Fleury al describir de este modo no repara en la imposición y opresión colonial sino en una especie de insuficiencia del colonizado que no da la talla del consentir con la civilización y con lo que está bien de todos modos.

 

  Para Fleury el resentimiento colonial impide consentir con el mundo universal tal como lo concibe. Toma a Fanon para decir lo mismo que Fanon5 critica a Octave Mannoni. Rodolfo Kusch plantea otra relación, entre el resentimiento y la colonialidad, contraria a la idea de Fleury. La salida del resentimiento no es por el lado del consentimiento sino por el disentimiento.

 

  En la Negación en el pensamiento popular6 habla del pensamiento popular que se asemeja a un anti discurso colonial. Su idea tiene un punto de partida que es la negación de la racionalidad eurocentrada. Establece un punto afectivo. Un anti-discurso, a través del cual logra constituirse existencialmente en su pura emocionalidad, puro querer, puro pensar. Un punto sagrado, seminal desde donde se explica el mundo fuera de la lógica del ser y del mundo de los objetos. Va a caracterizarse por un estar siendo. Es un rechazo frente a la imposición colonial y una de las formas del resentimiento.

 

  Quizá la diferencia con lo que supone Fleury hablando del recelo que no permite el consentimiento, sea que en el resentimiento hay un disentimiento con la colonialidad. Precisamente el autor Ashis Nandy en el Enemigo Íntimo7 plantea que frente a la ideología colonial hay dos opciones: consentir o disentir. El disentimiento asociado al resentimiento puede dibujar una salida emancipadora en un horizonte de mayor igualdad.

 

 

La trampa del consentimiento

 

  Retomando lo dicho hasta acá vimos como los autores plantean respuestas o salidas del afecto del resentimiento. Una es la conversión del afecto en una competencia perteneciente a la estructura del capitalismo financiero y de la información. La conversión en homo economicus, la idea del alemán Vogl el resentimiento se vuelve un factor en el ordenamiento del sistema de la economía financiera y de la información transfiriendo un valor afectivo en económico (La rumia por lo injusto pasa al puro afán rentístico).

 

  En todo caso esta salida es afín a la estructura capitalista desigual. La otra es la elevación o sublimación a través de una cura psicológica rechazando el resentimiento como un falso self que es preciso desprender. La cura sublimatoria que supone la francesa Fleury proclive al empoderamiento subjetivo y a la adaptación social opolítica, tiene el riesgo de volverse una canallada, resignando politicidad y alimentando el ego. Una psicologización que se desentiende de lo político.

 

 

La salida del disentimiento

 

  ¿Qué lugar tiene el afecto resentimental en nuestra situación regional de colonialidad interminable, cuyo resultado es la desigualdad? Este afecto crece, en parte, a la sombra del derrotero de nuestra historia y de sus luchas por la emancipación que se remontan a más de quinientos años. La emancipación requiere que el resentimiento pase por una anamnesis del dolor colectivo.

 

  Implica la realización de un ejercicio de memoria, verdad y justicia como el que hemos construido y que hoy está acechado por la guerra semiótica en curso. En el presente, necesita un antídoto ante el envenenamiento que ciega y que ha dejado inmune al dolor de la sociedad empobrecida. Tenemos que arrancar las malezas surgidas producto de una semilla negra implantada en el miasma resentimental por el bombardeo masivo de políticas y discursos de odio.

 

  Como sea el pueblo otorgó al discurso capitalista y al líder que lo representa un voto. No sabemos en qué proporción desesperado, amenazado o canallesco. El líder, odiador y detestador de lo popular y lo colectivo, que es decir de todo lo que reste plusvalía, se siente más ancho y fuerte. Hemos nombrado a Ariel y a su servidumbre voluntaria para precisar el lugar donde se ubica el líder de ultraderecha.

 

  Daniel Link8 propone volvernos calibanes, objetar el concepto de lo uno (raza, lenguaje y Dios). En latinoamérica hay una pluralidad. La existencia de un trilema, Ariel, Calibán y el indio. Tenemos que volvernos calibanes y encarnarnos como indios, negros para proferir una maldición a la injuria a la que nos llevó la colonialidad.

 

  La emancipación por anacrónica que parezca no está fuera del tiempo y la igualdad por más aberrante que les sepa anida en el rincón inaccesible de los anhelos de muchos, ahí donde el resentimiento y el disentimiento se unen. Detestar lo colectivo tiene una afirmación inadmisible y que forma parte de la promesa sacrificial para muchos, incluso de uno mismo que consiste en que cualquiera puede ser desechable, descartable y convertido en basura.

 

  Consentir con la política sacrificial y odiar la igualdad tiene un presupuesto suicida o exterminador. Disentir es la defensa de lo común, del lazo social, de la religación y de lo político para ahuyentar los falsos profetas y salvadores apocalípticos que nos llevan a lo peor activando el malestar yacente en el pueblo, sumergiendo en la desesperación a muchos. Disentir es fortalecer el bloque contrahegemónico que los puede frenar, algo contingente que puede pasar si estamos despiertos en esta deriva catastrófica.

 

 

Referencias bibliográficas

 

1 Rodó José Enrique (1900) Ariel https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Rodo-Ariel.pdf

2 Dubet Francois 2024(2019) La época de las pasiones tristes. De cómo este mundo desigual lleva a la frustración y el resentimiento, y desalienta la lucha por una sociedad mejor. Siglo veintiuno Buenos Aires

3 Vogl Joseph 2023 (2021) Capital y resentimiento. Una breve teoría del presente. Adriana Hidalgo Traducción y estudio introductorio de Mario López. Versión digital.

4 Cynthia Fleury 2023 Aquí yace la amargura: Cómo curar el resentimiento que corroe nuestras vidas. Siglo XXI Editores Buenos Aires

5 Fanon Frantz, 1952 (2015) Piel negra máscaras blancas. Buenos Aires Akal.

6 Kusch Rodolfo 2013 (1975) La negación en el pensamiento popular OC Fundación Ross. Rosario.

7 Nandy Ashis 2021 (1983) El enemigo íntimo. Pérdida y recuperación del yo bajo el colonialismo.

8 Link Daniel 2013 “Volvernos calibanes del panamericanismo al Mercosur” https://www.academia.edu/keypass/M21BS2l3L3pKWjBTcVg2TURzMWRXQnBJZzBBblU0T

nJHZWs4RzM3bHdaZz0tLVFubTRkaVVEZG14RE1RRzhBSnBBd0E9PQ==--02c7fd8b337d01968184c843aa 89760911fbbf9c/t/T7Gt-SJuKK8H bdtfvj/resource/work/5153069/_Volvernos_calibanes_del_panamericanismo_al_Mercosur

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Arte*: https://elvuelodelalechuza.com/2021/02/03/la-tempestad-o-como-shakespeare-interpreto-la-colonizacion-americana/

 


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