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Masotta: reprimir o deconstruir a Freud

23/03/2021- Por Julián Ferreyra - Realizar Consulta

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En el presente texto, Julián Ferreyra hace uso de los textos de Oscar Masotta, antes que de su figura, para poner a trabajar una serie de problemas relativos a la represión de Freud en el ámbito local. El escrito condensa una preocupación creciente en torno a la extraterritorialidad del psicoanálisis, como campo y discurso, en relación al anchuroso campo de la llamada Salud Mental. Un problema cuya solución Ferreyra encuentra con elegancia en la fórmula propuesta para (y por un) “psicoanálisis argentino”. Un proyecto situado, territorial, contraficcional, e ineludiblemente político.

 

                     

                                                Oscar Abelardo Masotta

 

 

Represión textual

 

  Según Oscar Masotta, ha habido siempre al menos dos historias del psicoanálisis. Dos dimensiones que, al tiempo de recordarnos que un/a analista es al menos dos, nos confrontan con eso del doble que es índice de lo siniestro. Una de esas historias es la escrita, la de los textos, abundante pero poco pensada; la otra es la inscrita, la del establishment o mainstream analítico. Esta última es inscripción de un significante, de una huella nunca olvidada por haber estado nunca en la conciencia: la represión de Freud.

 

  Este planteo se encuentra en Leer a Freud[i], conferencia del año 69’ que se encarga de polemizar con la Asociación Psicoanalítica Argentina, con Emilio Rodrigué y un gran etc. Masotta se ocupaba de la encerrona en la que encontraba al oficio freudiano “hoy”, en contraste con los “tiempos de Freud”: condenado a transmitir una técnica o a formalizar una teoría, siendo lo segundo aún peor que lo primero. Ni atisbos de un proyecto a la altura de una ciencia conjetural, y esto a causa de privar al signo de su materialidad poética.

 

 

¡Leer a Freud!

 

  Su crítica no se regodeaba en desengaño o pesimismo. Era una realmente preocupada por el porvenir del psicoanálisis. Digámoslo: el porvenir del psicoanálisis es mucho más que la mera supervivencia corporativa. Es incluso su reverso. En Masotta el psicoanálisis es futuro anterior: porvenir de una ilusión.

 

  Así las cosas, su Leer a Freud no se degrada a imperativo nostálgico, ni es a causa de un vicio canónico, ni mucho menos por saberlo reaseguro. Leer a Freud es un elogio a aquellos tiempos en donde las cosas eran menos seguras, más serias, menos sencillas. Esto último es crucial porque desmonta desde el llano, con exquisitez y honestidad intelectual, aquellas discusiones frías, malintencionadas y al mismo tiempo superfluas en torno al psicoanálisis; es decir, en torno a Freud.

 

  Me refiero a los dualismos freudianos. No los suyos, sino los nuestros hacia él, hacia su obra. Consideraciones extraviadas que lo posicionan como impotente, esotérico y pasado de moda, o como profeta cuyas respuestas son siempre-verdades demasiados satisfactorias.

 

  Su invitación de lectura nos permite ceñir nuestro modesto oficio más acá de ser cosmovisión estragante, y más allá de una ascesis psicologista, individualista. Que ningún analista se sienta más de lo que es ni menos de los que puede ser, diría un Masotta evitista.

 

 

Contraficcioanálisis

 

  Invitar-polemizando es el verbo en cuestión: a leer, a Freud, pero sobre todo, a leer a Freud. Aunque parezca mentira, a veces ocurre o sólo lo primero o sólo lo segundo, más nunca lo tercero.

 

  Se trata de un desafío, es un síntoma. Es un acto que se realiza en soledad, pero una que permite lo común. Leer a Freud a sabiendas que otrxs, por decir Lacan y su obra, podrán facilitar pero nunca ‒¡por suerte!‒ resolver la tarea. Nada menos recomendable que un síntoma resuelto: si se lo extirpa retornará en su peor versión.

 

  Por ello su pregunta: ¿es posible construir una teoría, o antes bien un lenguaje, sin ficción? Con el psicoanálisis no alcanzaría para leer a Freud; ficcioanalizar sería un medio, nunca un fin. Frente y contra Freud/Masotta, diré que se trata de contraficcioanalizar[ii] nuestra praxis; esto es, dar debates y combates en rededor de ese territorio ficcional y real que emerge cuando ello habla. El territorio contraficcional es la política.

 

 

Psicoanálisis argentino

 

  Su amigo Germán García[iii] contaba que a Masotta le interesaba abrir lugar a una pregunta, de su época pero vigente: ¿cómo un psicólogo podría convertirse en un psicoanalista? Una conversión, propia de la histeria y del converso; la incógnita acerca de una transmutación, terrenal, pero no por ello trivial. Hacer equivaler uno a otro, vía su homologación inmediata, lleva a una doble degradación, tanto del primero ‒profesión o disciplina‒ como del segundo ‒oficio imposible‒.

 

  ¡Qué vigencia! Esta maliciosa homologación provoca una creencia en la extraterritorialidad del psicoanálisis respecto a los dispositivos e instituciones en el cual se desarrolla, las más de las veces ejercido por profesionales psicólogos dentro del campo de la salud mental. Ante la pregunta de Masotta, hay posibilidad de hacer advenir un habitus[iv] de psicólogo interpelado por dicho campo de prácticas, sus potencias y conflictivas, que convierta y transmute la ética freudiana en un sintagma original y potente: psicoanálisis argentino[v].

 

 

Hacer-proyecto

 

  Masotta respondía a la pregunta desde los conocidos tres pilares freudianos ‒analizarse, conocer la doctrina y su historia, supervisar‒, pero introduciendo un cuarto elemento, que lejos incluirse como mera sumatoria, resulta transversal y fundamental a los anteriores: integrarse en un proyecto de difusión y enseñanza.

 

  Psicoanalizar sería, antes que ser, hacer-proyecto, en clara alusión al “pasado” sartreano del autor.

 

  Quien tuviera interés por el psicoanálisis y eligiese otro camino al de los diabólicos elixires médico/psicológico hegemónicos, propios de la aletósfera[vi] universitaria ‒con sus satélites y quioscos‒, causaría su deseo de analista, no sin la transmisión, divulgación y prédica laica de este oficio. Pero más aún, la alusión de García nos permite el siguiente axioma: donde psicólogo univers-otario era, integrante lúcido de un proyecto ha de advenir.

 

  “No puedo estudiar/leer psicoanálisis por mi cuenta”, se escucha con creciente frecuencia, siendo síntoma de dicho modo de adiestramiento facultativo, y suele conllevar una resolución aún peor: hacer perdurar en continuum la posición de estudiante. Eternizarla. ¡Como si estudiante fuera posición necesaria y suficiente para estudiar!

 

 

Deconstrucción política

 

  Quizás se trate de catapultar la atención a esa proximidad abismal que Freud llamó con simpleza poética la Otra escena. O desde un Masotta materialista antes que lacaniano: deconstruir el mito freudiano en pos de construir los hechos de la teoría de Freud.

 

  Una advertencia preliminar: es menester que dicha (de)construcción sea freudiana en un sentido estricto y a la vez ampliado, ya que no habrá tal operación conjetural si se reniega de la historia y de las peculiaridades locales y culturales en torno a las cuales se introdujo aquí dicho mito. Porque un mito abstraído de sus condiciones de (re)producción en sí mismo no significará nada más que tilinguería seudoanalítica.

 

  Deconstruir este Dasein freudiano permitirá una construcción subversiva y modestamente vanguardista; una genuina contrateoría freudiana, a condición de introducir al mito en la estructuración propia de una praxis, la nuestra, que incluye una micropolítica cotidiana, en general reprimida, encarnada por jóvenes practicantes y sus malestares; así como una inercia macroapolítica, ejercida por popes, amos universitarios y gurúes transferenciales, con declamaciones pomposas y pretenciosas que reaseguran privilegios impotentizando a los primeros.

 

  La deconstrucción [del psicoanálisis], lo supiéramos o no, ya había empezado hace más de 50 años: fue Masotta.

 



[i] Masotta, O. (2008[1969]). “Leer a Freud”. En Introducción a la lectura de Jacques Lacan. Buenos Aires: Eterna Cadencia.

 

[ii] Ferreyra, J. (2020). “Psicoanálisis, Ficcioanálisis, Contraficcioanálisis”. En #PsicoanálisisEnVillaCrespo y otros ensayos. Buenos Aires: La docta ignorancia.

 

[iii] García, G. (2009). “Tuvo que intervenir con prisa”. Suplemento Psicología, Diario Página|12: https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-131475-2009-09-10.html

 

[iv] Al decir de Pierre Bourdieu.

 

[v] No pretendo fundar “una clínica”, ni mucho menos subsumir una multiplicidad de experiencias, recorridos, posiciones teóricas, epistémicas e ideológicas a una suerte de esencia, una “argentinidad analítica”, ni nada de eso. Simplemente es un sintagma que, al decir de Barthes, remite a quien escribe por una suerte de transferencia trágica, intentando causar el deseo de discutir esos aspectos de nuestra praxis que están menos inexplorados que renegados.

 

[vi] En alusión al neologismo presentado por J. Lacan en el Seminario XVII, El reverso del psicoanálisis.

 


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