» Subjetividad y Medios
La ficción produce más creencia que la realidad11/01/2016- Por María Cristina Bacchetta - Realizar Consulta
Los medios masivos se ocupan de hacernos creer que la ficción que muestran “es” la realidad. Arman ficciones, que venden, que atraen, y aprovechándose de ese poder de sugestión, hacen creer a las personas, o lo intentan al menos, que es esa la única y total realidad… La ficción produce más creencia que la realidad. ¿Cómo es posible que esto ocurra y la gente siga admirando e idolatrando sistemas tan injustos para sí mismos y para su propio país? ¿Cómo se logra? A través de los mass-media…

Los mass-media tuvieron su auge en el contexto de la guerra fría entre Rusia y USA. Raymond Chandler ha sabido describir bien de qué se trataba eso.
De ahí en más fueron perfeccionando su accionar progresivamente.
Los estudiosos de Palo Alto, después de la Segunda Guerra Mundial, ubicaron distintas teorías acerca de los medios y la masa: “la aguja Hipodérmica”, se llamaba así a la teoría que decía que la información dirigida a las grandes masas de consumidores, debía ser igual a la penetración subcutánea. Consideraba a la masa como un tejido, un cuerpo que consumía, pero también podía enfermar, por lo tanto los medios no eran solamente un modo de vender productos. Junto con el producto se vendía qué y cómo se debía pensar. Así los medios debían servir de defensa ante la penetración de los virus y bacterias exógenos. Era la época del organicismo y las ciencias naturales daban el rango de “verdad” a todo.
Por esa época y en continuidad, surge también la Agenda Setting. La teoría del “establecimiento de la agenda” dice que la agenda mediática, conformada por las noticias que difunden los medios informativos cotidianamente y a las que confieren mayor o menor relevancia, influye en la agenda del público. Consideraba a la masa como un niño a educar y simultáneamente controlar: cada programa radial, televisivo sobre todo, debía transmitir una enseñanza dentro de los valores Occidentales, “the american way of life”, los medios eran un pilar de defensa del sistema, éste era lo más importante y debía conservarse por todos los “medios”. Así imponían un orden acerca de cuáles eran las noticias más importantes y mejores para la conservación del sistema.
Con antecedentes contestatarios en las primeras décadas del siglo XX, cuándo algunos partidos y gremios organizaban en Estados Unidos manifestaciones y paros, congregaban a mucha gente vinculada también a los inmigrantes europeos. Con la particularidad de que esas manifestaciones eran reprimidas fuertemente, no solo por la policía, sino también por una “masa” moldeada y cocinada desde los medios masivos de comunicación, ante “el peligro del comunismo”. En este contexto se inscribe la famosa sentencia a la silla eléctrica para Sacco y Vanzetti luego del injusto encarcelamiento y juicio, el 23 de agosto de 1927.
En Estados Unidos no siempre el empleador tiene obligación de aportar a alguna obra social para sus empleados, ni respecto a la jubilación, la situación es muy variable en ese sentido, toda la prestación médica se hace en forma privada, el Estado aporta en determinadas situaciones (jubilados y pobreza), la persona que se enferma o la mujer que tiene que parir, al dejar de trabajar a veces no cobra por ese tiempo, y agradecen conservar el trabajo, en otros casos sí hay una cobertura. La salud está determinada por el ingreso económico de cada quien, o sea, el que tiene dinero puede acceder a las prestaciones más complejas para salvar su salud y su vida, de lo contrario no. El Estado no se responsabiliza de ello[i]. Se entiende porqué el pensamiento crítico constituye una “amenaza”, pero lo más interesante es que incluso la gente desamparada, también cree en los peligros del comunismo o de lo que cuestione al pensamiento único.
Asimismo, y en términos generales, las condiciones de vida de la población estadounidense son mejores que en el resto de América, hay menos marginalidad y menos población en estado de pobreza. El resto de los latinoamericanos, los del sur y los del centro, reciben esta información a diario, tal es así que ir a vivir allá, se convirtió desde hace ya más de 70 años, en el sueño de infinidad de jóvenes de todo el continente.
La meca, la sociedad abierta, la mente amplia, la “libertad”, el dar cabida a la iniciativa personal, individual, el ejemplo de Steve Jobs, banderitas, y globos rojos y blancos, se agitan sobre un inmenso cielo azul celeste. Sin embargo Steve Jobs era un antisistema, un rebelde, así es, pues esa es la virtud de la difusión y del manejo de los medios hacia afuera de USA, “el antibiótico”, “la vacuna”, el anticuerpo, está construido con el mismo virus. Todo se puede convertir en “anticuerpo”.
En 1938 Orson Wells pasaba a la historia con el programa radial “The War of the Worlds”, (no solo por esto por supuesto), critica al sistema desde sus propios medios. Con los años este acto se convirtió en un ejemplo de amplitud por parte de Estados Unidos, pocos saben de la persecución que sufrió su autor, en 1946 tuvo que huir a Europa acusado de comunista, por el macarthismo.
La TV, los medios en general, actúan en el lugar del líder. Generan un sentimiento amoroso (de protección, amparo, control) vía sugestión, especie de hipnosis, como lo descripto por Freud en “Psicología de las Masas…”, esto hace que los miembros de la masa-televidente, se identifiquen entre si, colocando en la pantalla el Ideal. De ahí en más ya no se trata de la TV como un medio para, sino que es el sujeto el que debe ajustarse a lo que la televisión le indica como su bien.
En 1916 Freud escribía “Psicología de las Masas y análisis del yo”, tomando la obra de Le Bon, quien describe los fenómenos de masa como algo negativo para los hombres, Freud pone de relieve los aspectos inconscientes y subjetivos en juego. Cien años después podemos pensar que el conocimiento de esos mecanismos, sirvieron al mercado para vender más.
Sugestión, efecto masa, repetición, la utilización de la palabra en su valor antitético, predominio de lo imaginario.
Mecanismos que se han ido extendiendo por todo el mundo, y sin un freno ético, los medios en muchos casos, podrían convertirse en los artífices de las peores atrocidades. Dirigiendo la vida de los países de acuerdo a sus propios intereses económicos o según quien los maneje.
Pero en verdad no es este del todo nuestro tema, ¿o si?, lo que tratamos es de acercarnos un poco más a la subjetividad en juego.
En la experiencia psicoanalítica, la verdad se nos presenta a través de la ficción, pero nunca confundimos esto con “la realidad” por los efectos nocivos que esto podría ocasionar. Los medios masivos se ocupan de hacernos creer que la ficción que muestran “es” la realidad. Arman ficciones, que venden, que atraen, y aprovechándose de ese poder de sugestión, hacen creer a las personas, o lo intentan al menos, que es esa la única y total realidad. Tal vez alguna situación con basamento simbólico posibilite dialectizar los hechos tal como los muestran, seguramente. Pero ya no se trata de transmitir información, se trata de inducir sentidos y significaciones cada vez más unívocos. Lo aplicado para la venta de productos sirve para la “venta” de lo que sea, incluso de Presidentes.
Esa eficacia simbólica es lo que aconteció con la transmisión radiofónica de Orson Wells. Declaraciones de “miembros del ejército”, “científicos” hablaban de que algo raro ocurría acá o allá, el resto lo hizo el mismo público. La diferencia es que esa experiencia, ya en aquel momento intentaba advertir a todos de ese poder. ¿Será por eso que su creador después fue perseguido por “comunista”?
Fines de los 80, comienzo de los 90 surge la Video-politica [ii], el candidato debía ser fundamentalmente, apto para las cámaras de TV.
La televisión pasa a ser “la realidad”, “el hermano mayor” que observa, controla y castiga.
En ese marco, la Ley de Medios en Argentina sancionada por el Congreso en octubre de 2009[iii] y producida luego de múltiples discusiones de todos los sectores involucrados, intentaba cierta horizontalidad altamente combatida. Es que para algunos programas televisivos con sus respectivos comunicadores, no solo no era una expresión de libertad, sino por el contrario, la difundían como algo creado para cercenar las libertades particulares. La gente que consumía estos programas hacía propios estos argumentos impuestos.
Recuerdo un día al ir a comprar ropa en un negocio de Barrio Norte, la vendedora y un par de clientas estaban muy angustiadas, porque desde un programa de radio muy conocido los locutores a diario decían que estaban esperando que de un momento a otro, desde el gobierno de ese momento, fueran a cerrar la radio. La intervención era inminente. Eso no ocurrió en absoluto.
Se resalta lo imaginario, lo que “podría ser” y aunque no lo sea, queda registrado como verdad.
La ficción produce más creencia que la realidad.
¿Cómo es posible que esto ocurra y la gente siga admirando e idolatrando sistemas tan injustos para sí mismos y para su propio país? ¿Cómo se logra? A través de los mass-media.
De todos los canales de televisión por cable que tenemos en nuestras casas, ¿cuántos son oriundos de nuestro país?, y dentro de éstos, ¿cuántos son los programas que pasan temáticas que incumben a la población de origen? Una prueba contundente de ello ha sido el cambio en el lenguaje a través de la introducción en la lengua castellana de innumerables palabras inglesas.
¿Por qué pensamos como pensamos? ¿Por qué de pronto se hegemoniza la escala de valores, lo que está bien y lo que está mal? ¿Por qué de pronto hablar de ideologías estaría mal y decir que algo está “politizado” sería sinónimo de desacreditación? ¿Medidas anticonstitucionales serían necesarias para sostener la constitución?
Detrás de todo ese discurso se operan los cambios más nefastos. Se trata de la masa, no de los subgrupos intelectuales o las elites que tienen posibilidades de pensar y cuestionar lo dado.
Basta abrir las nuevas computadoras donde encontramos “todo”, un sistema Windows maravilloso que nos dice a través de dos o tres flyers: cuáles son las noticas “más relevantes” en el mundo entero, el mejor estilo de vida, las mejores comidas, el ejercicio, en fin… quién es el malo y quien es el bueno. Esos son los medios masivos, eso es lo que llega a “todos”. Pero no se trata del bien o del mal detrás de eso está el único “bien”: el consumo, el dinero.
Libertad-capricho. Democracia-demagogia. Liderazgo-totalitarismo. No sólo pueden darse vuelta los términos, basta agregar alguna imagen que incline la balanza para uno u otro lado y quedará sellado un sentido. Si a esto se suma la repetición durante 8 o 9 horas de lo mismo, o el recuerdo de significaciones anteriores, aunque se trate de otros contextos, la persona puesta en el lugar del efecto masa, no lo distinguirá. Por eso decimos que en el efecto masa lo imaginario es necesariamente predominante, llevando al sujeto incluso a actuar en contra de sus propios intereses, alienado a un discurso que lo cautiva.
Una paciente de mediana edad, decidió irse a vivir a otro país con su familia por “la inseguridad” que los medios le “informaban” a diario. Jamás le pasó nada, ni a ella ni a ninguno de sus familiares o conocidos, pero lo que escuchaba en los noticieros y programas de actualidad fue suficiente para tomar la decisión. Ahora se encuentra lejos, sin trabajo y con dificultades para insertarse en la nueva sociedad.
Asimismo en las redes también se produce un caudal de información muy importante, pero más que información se trata de, como dice Natalie Fenton[iv] de que “internet crea guetos políticos entre quienes ya están bien informados”, de una posibilidad de expresión y de comunicación, y está ocurriendo que allí predominan, pareciera, posturas más de izquierda, más democráticas o si se quiere más humanistas y hay una verdadera pluralidad e inclusión, pero terminan siendo cotos cerrados de elevados ideales, que no tienen alcance respecto a las grandes masas.
Los medios masivos de comunicación inciden en la subjetividad humana, a tal punto que pueden hacer contravenir el propio interés del sujeto en su subsistencia y preservación.
“Se nos dice que los medios de comunicación son el alma de la democracia. Entonces es muy fácil afirmar que la mejora de la democracia simplemente requiere una solución centrada en los medios: mayor pluralidad, menos concentración, mejor representación. Son reformas positivas en sí mismas, pero no podrán arreglar una democracia rota. La desigualdad está estrechamente correlacionada con la degeneración de la democracia; y los medios de comunicación han hecho muy poco para contrarrestar el aumento constante de la concentración de la riqueza”[v].
En la correspondencia entre Einstein y Freud, en 1932 “¿Por qué la guerra?”, Freud dice, la oposición entre Eros y Tanatos, entre pulsión de vida y pulsión de muerte, es intrínseca al ser humano, se trata de la dialéctica entre ambos términos, no de “lo bueno y lo malo”, la pulsión de muerte siempre termina triunfando, pero su expresión en destrucción tal vez, sea posible desviarla en interés de la cultura y por el rechazo a los efectos de las guerras. Ambas pulsiones son imprescindibles la una a la otra. “A veces, cuando oímos hablar de los horrores de la Historia, nos parece que las motivaciones ideales solo sirvieron de pretexto para los afanes destructivos; en otras ocasiones, por ejemplo frente a las crueldades de la Santa Inquisición, opinamos que los motivos ideales han predominado en la consciencia, suministrándoles los destructivos un refuerzo inconsciente. Ambos mecanismos son posibles”.
Pareciera que aún se hace muy difícil poder sentir que la guerra es un monstruo que no nos llegará algún día.
[i] Departamento de Bioquímica Clínica. Área Tecnología en Salud. “Comparación de los sistemas de salud de la Argentina, Canada y EEUU” 2005, Texto de Mauricio Hernan Salta
[ii] Eliseo Verón.
[iii] La norma fue promulgada el 10 de octubre de 2009 y reemplazó a la Ley de Radiodifusión 22.285, promulgada en 1980 por la dictadura militar y vigente desde entonces. Desde la recuperación de la democracia el 10 de diciembre de 1983, había existido un amplio consenso sobre la necesidad de derogar la norma de la dictadura y sancionar una nueva, en consonancia con las necesidades cívicas y participativas. Su aprobación y reglamentación significó un cambio radical en el sistema público y privado de los medios audiovisuales, promoviendo la participación de instituciones públicas, organizaciones sociales y la ciudadanía como productoras activas de la comunicación social. Página internet Presidencia de la Nación
[iv]” Natali Fenton Activista y profesora de comunicación en Goldsmiths, University of London.
[v] Idem
© elSigma.com - Todos los derechos reservados



















