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Se escribe como se tiene un cuerpo: fragmentado09/05/2012- Por Nicolás Cerruti - Realizar Consulta
Esta vez abordaremos el vínculo posible entre Literatura y Psicoanálisis directamente interrogando los decires de los escritores. En el marco de la última feria del libro, en una charla abierta sobre "¿Cómo se hace ficción?", nos encontramos viendo la difícil y placentera tarea del escritor, que produjo profundas resonancias a ser pensadas.
En la última feria del libro, dentro de todos sus mundos y sus recovecos, encontré una charla de matiz borgeano, se llamaba “¿Cómo se hace ficción?”, en ocasión de la publicación del libro La ficción y sus hacedores. Dispuesto a escuchar lo que escritores consagrados tenían para decir sobre el tema (que se reúne en un libro hecho en forma de entrevistas) me encontré nuevamente con un vínculo entre psicoanálisis y literatura. No sólo porque alguno de ellos aventuró que el desarrollo de la escritura ficcional, autobiográfica, había sido una suerte de terapia para él —pero ésta más bien insoportable, ya que se le instalaba todo el día, a toda hora, sin dejarle un resquicio para no pensar (pensarse) envuelto en su ficción—, sino también porque en esa charla los escritores hablaban de lo que habitualmente llamaríamos la cocina, y con eso, su subjetividad (subjetividad de goce además). Entre otras cosa, entrelíneas, se preguntaban cómo y por qué escribían.
De sorpresa en sorpresa los escritores nos contaban sus incomodidades, sus penurias, sus trabajos, sus saberes sin saber (cosa que comparten con el analista y no sólo con el inconsciente), y mientras nos hablaban hacían una suerte de ficción allí, con nosotros como protagonistas.
Me gustaría rescatar algunas de las frases que compusieron esa charla, para interrogarlas ligeramente. Quizás no tanto, ni abundando en lecturas psicoanalíticas, pues recuerdo aún como un fuego preciso lo dicho por Flor Codagnone en Literatura y psicoanálisis: un relato de carmín. “Pareciera que, cuando el psicoanálisis se encuentra con la literatura, en líneas generales, sólo atina –o puede– leer, interpretar, analizar, pensar, asociar.”[i] Intentemos otra cosa (sin despreciar todas esas herramientas claro), con la salvedad que aquí no nos encontramos sólo con la literatura sino con sus hacedores.
Iremos entonces citando palabras de estos mismos junto con nuestras ficciones, como un diálogo que nunca aconteció, como el vínculo que está por formarce.
“Por lo general uno se apasiona con lo que está escribiendo… la novela que está escribiendo. Incluso hay días que piensa que es buena. Que finalmente lo está logrando. Y creo que eso es un mecanismo mentiroso, ficcional, de la cabeza de uno, para conseguir terminar esa novela.”
Esta primer cita nos propone que el elemento ficcional no es sólo lo que tenemos en la cabeza, sino ese empuje que nos hace escribir, escribir para terminar, para sacarnos de encima a su vez ese empuje; si bien esto no lo resuelve, implica cierta satisfacción que si no estuviese haría que todo quede tal cual, o sea, en la nada. El elemento ficcional es a la vez lo escrito y lo que nos lleva a escribir (un empuje). Tiene esto ligeras resonancias con, no sólo la pulsión, sino más endemoniadamente con el deseo.
“Hay muchísimos aspectos de aprendizaje, de técnica, de distinto trabajo con la materia… la materialidad, la manera de poner el cuerpo en la escritura.”
Parece que escribir no es sin poner el cuerpo, en su sentido más bien gozoso (y cuerpo pulsional, libidinal, obviamente), y no sólo en la cabeza, como la cita anterior. El cuerpo se desplaza en la escritura, la produce a veces y, como si de instantáneas se tratase, demora en las palabras su forma inacabada. Un cuerpo hecho para gozar, para resonar en lo escrito, siempre y cuando la escritura lo implique. Un cuerpo del que casi no se tiene propiedad.
“Es muy extraña la relación del escritor con la literatura. Uno escribe con el cuerpo. En estos momentos estoy metida en una novela, muy intensa, muy densa, y estoy con unos dolores de estómago horribles.”
¿Qué conexión hay entre las palabras y el cuerpo? El psicoanálisis, desde sus inicios, intenta mostrar que ese cuerpo es con palabras, que se instalan, coagulan, fijan, allí, por sectores, fragmentadamente, en un allí de la palabra en el cuerpo, en un cuerpo de palabras. Que casi es indisoluble ese cuerpo de la palabra. Y que a veces, esa palabra es profundamente desconocida por la persona.
“¿Qué se está elaborando a través de la escritura?”
Excelente pregunta de no tan fácil resolución. Sin embargo contempla ya una afirmación, se elabora, se elabora a través. Pareciera que la palabra debe ser elaborada pues no de otra manera se vivenciaría de forma indecible. Se elabora en el cuerpo, pero también se elabora en la escritura, pues en ella también está la solución para (algunas veces) quien escribe, de lo que padece. No en su forma de develación, de desciframiento de una verdad, sino de tratamiento.
“¿Por qué escribimos? Porque es una maldición, es una condena, es una condena maravillosa, estoy agradecida a esa condena, pero de vez en cuando pesa muy fuerte.”
El escribir, para el que hace de eso su oficio, no sólo no es indiferente sino que lo atraviesa y lo toma. A veces (quizás siempre) en contra de su voluntad… hasta que su voluntad sea escribir.
“Creo en algo que llamaría la escritura, es la producción de algo que es diferente de aquello de lo que partió. Lo que termina por ser la escritura es algo otro, de aquello de lo que partió.”
Ese algo otro tendría toda la resonancia de la creación. Casi nunca se sabe para dónde va lo que se escribe; lo que termina siendo sorprende al propio escritor; y siempre es algo otro a lo que no se habría llegado sin la escritura.
“Escribir para entender el caos en el que vivimos.”
En todo escritura subyace una lógica, lo que posibilita un género, pero no necesariamente. Pero con tener esa lógica tenemos al Otro. La escritura pasa por el Otro, se ordena en el Otro, pero no siempre el escritor. Y sin embargo no toda escritura se ordena en el Otro… a veces entiende un caos generando otro caos, un poquito más común. Entender el caos no es salirse de este, sino más bien hacerlo vivible en tanto tal, nos enseñan los escritores.
“Estos escritores parece que no hacen ficción, la encuentran.”
Pues están plagados de contingencias, y en ellas no hay la unidad de una forma, sino la insistencia de un fragmento, de la trama.
Pese a todas estas citas, gracias a todas estas citas, vemos que la escritura se trabaja como un elemento ficcional. Si bien la escritura es un tratamiento del lenguaje roza al de lalengua pues queda mucho más abierta esa posibilidad cuando el hacedor es tomado por la misma. No siempre estamos tan abiertos como cuando escribimos, y eso trae consecuencias. Piénsese que la mayoría de las veces se tolera mal, se lo reprime, y se intenta que las cosas sean dichas como corresponde. Frente a esto podríamos concluir este breve artículo con la única pregunta que surgió del público, y fue gracias a recordar a Borges.
“¿Hasta cuándo ustedes dicen hasta aquí llegué yo, y ahora todo queda en mano de mi narrador?” Esta pregunta fue motivada por recordar un texto de Borges, donde dice “no sé cuál de los dos escribe esta página”. Las respuestas son varias, variadas, como la verdad.
· “No hay dos… es un circular por esa región… uno está en la vida y circula por la vida y circula por la literatura.”
· “En mi caso creo que soy un montón de personas. Cuando escribo, hay un momento, en una determinada página, que ya lo novela es de alguien.”
· “¿Cuándo hablo yo, y cuándo hablan ellos? Hablo yo cuando todo sale horrible, cuando las oraciones, la sintaxis es trabada, cuando las palabras chocan.”
· “La ficción siempre tiene que ver con el componente sorpresa. La sorpresa no se elige, pero hay disposición.”
Si se quisiera hablar de un yo que escribe, por lo menos en lo que vamos viendo sobre la ficción, ese mismo yo cae, no sirve, pues no se sorprende. Es la instancia que más reparos tiene con el lenguaje, y además, ostenta el conocimiento. Hay que despojarse del yo, de cierto narcisismo, parecen decirnos estos escritores, dejar hablar a otros, para que la cosa funcione. Lo que funciona es esa disposición a la sorpresa, a la apertura, lo abierto (recordamos a Heidegger). De más está decir que escribir no es cosa grata solamente, se ha dicho maldición, etc., y con eso, recordar que en este caso estamos tocando el tema de la escritura sobre la ficción, que no podría ser generalizada a toda escritura. Es en este caso que podemos hacer esa afirmación fuerte del título, “se escribe como se tiene un cuerpo… fragmentado”, para que la afirmación caiga hacia la apertura del interrogante, y un cuerpo diga lo que tenga para decir. ¿Y qué dice un cuerpo? Mejor decirlo con palabras.
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