Literatura

Sección coordinada por Nicolás Cerruti
Orlando. Del mito andrógino a la feminidad
por Mónica Morales Barrera

Orlando (1928) de Virginia Woolf (1882-1941), desde una lectura psicoanalítica, es una metáfora del Edipo femenino escrita por la pluma literaria de una mujer; es la enigmática manera en que este personaje asume su feminidad después de un largo camino de carear con otros su certeza sexual. Ser hombre o mujer no es un asunto que se deduzca a partir de la anatomía, la asunción de una posición femenina o masculina, tanto para el hombre como para la mujer, implican resignificaciones en las identificaciones edípicas que desembocan en la asunción subjetiva de una identidad sexual. La novela muestra, a mi parecer, el cambio de posición subjetiva que hace que Orlando se asuma finalmente como una mujer.

Dos poesías: "Empezsinada" y "Pleamar"
por Silvia Cossio

Empecinada
Cubierta de mis peces
Pleamar subterránea
Mis ríos en desorden...

El charco en el umbral
por Jorge Kancepolski

La anciana está sentada en el umbral de la sucursal de un banco, sobre la calle Florida.
Es ciega.
Viste pobremente. La inmaculada blancura del yeso que envuelve su pierna derecha contrasta con su aspecto desprolijo y sucio.
Es pordiosera.

Madres, hijas, amantes: mujeres. (Un recorrido por las figuras femeninas en cuentos de Patricia Suárez)
por María Lalanne

María Lalanne analiza la construcción que la subjetividad femenina hace de sí misma en tres cuentos de Patricia Suarez. La construcción y la destrucción de la identidad femenina en las relaciones intersubjetivas entre madres e hijas, pero también en relación con el Otro masculino, ya sea amante, padre o esposo.

Literatura e historia, ficción o mentira en "Tema del traidor y del héroe", de Borges
por Augusto Olivella

Voy a comenzar mi análisis del cuento de Borges titulado “Tema del traidor y del héroe”, no con una pregunta sino con una afirmación: este es el cuento de un potencial cuento; o mejor dicho, es el cuento que narra el argumento de un cuento aun no escrito, y que se escriba tal vez.

El relámpago. Psicoanálisis, poesía y enunciación
por Lionel F. Klimkiewicz

Lacan hace referencia a F. Cheng mediante una carta la clase del 19 de abril de 1977 en donde dijo:"Si ustedes son psicoanalistas verán que es el forzamiento por donde un psicoanalista puede hacer sonar otra cosa que el sentido. El sentido, es lo que resuena con la ayuda del significante. Pero lo que resuena, eso no llega lejos, es más bien flojo. El sentido, eso tapona. Pero con la ayuda de lo que se llama la escritura poética, ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica". Este trabajo pretende, entre otras cosas, ofrecer una referencia (¿apócrifa?) que sea una llave para acercarse a lo que plantea Lacan cuando nos habla de “interpretación poética”.El psicoanálisis como praxis implica un novedoso modo de habitar el lenguaje. Si se requiere que el analista en la dirección de la cura se inspire en algo del orden de la poesía, es porque en su horizonte tiene que, como dice E. Laurent, “hacer del sujeto el vacío del Haiku de su enunciación”. Porque la poesía que no adormece sólo es aquella que es efecto de un despertar.

De cuerpos sutiles
por Jorge Kancepolski

En el ventanal de la A.N.Se.S. de Paseo Colón y Moreno fijó su residencia durante varios años un linyera muy particular. No era pordiosero, jamás se lo vio pedir nada a los transeúntes. Ni siquiera cigarrillos. Rara vez les dirigía la palabra si no los conocía.
Diariamente acomodaba con prolijidad sus pertenencias en el umbral, sin molestar el acceso: un colchón de goma espuma que doblaba al medio y ataba cada mañana, una pila de diarios, dos mantas, un enorme y colorido bolso deportivo de lona sintética, una bolsa de arpillera llena de trastos, una escoba, un bidón de ocho litros y un equipo de mate.

Pierna
por Laura Hermanoff

Nada me apuraba esa mañana cuando entré al baño. Tenía frío, estaba desnuda, la luz blanca de los azulejos me saludó como si fuera una sonrisa de bienvenida. La sonrisa resplandecía con una prometedora áurea a infancia. El agua caliente, afuera en el invierno, mi familia haciendo ruidos de animales prehistóricos invernando desde tiempos pretéritos. Siglos de repetición del mismo ritual, el eterno candor caliente de la respiración entre pieles de oso. Metí mi cuerpo moreno al ablande de los siglos. El agua.

Un pasaje al acto en lugar de una cita fallida
por Olga Cuadra

El siguiente texto analiza el cuento de Julio Cortázar “No se culpe a nadie” como una metáfora sobre el significante y el rechazo del mismo en el pasaje al acto. ¿Está el artista, como afirma la autora de este texto, un paso por delante del analista, tanto que puede resolver, metafóricamente, un problema humano? Mas allá de la respuesta que se le pueda dar a esta pregunta, el presente análisis nos abre a una nueva pregunta implícita: ¿No es todo acto artístico, ya sea voluntaria o involuntariamente, temática o formalmente, una reflexión sobre el significante?

La otra
por Alejandra Edith Vaca

No me gustan los jazmines. Los detesto. No soporto su perfume, su olor edulcorado y prepotente que se desparrama invadiéndolo todo, adueñándose del aire. El tipo de camisa a cuadros dijo que eran mis flores favoritas, y por eso se creyó con derecho a llenar mi habitación de jazmines. Ramos y ramos de jazmines, porque se supone que me gustan. Cuando venga la enfermera le voy a decir que se los lleve y que los traiga sólo en el horario de visitas. Y listo. Así quedamos todos conformes, todos contentos.



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