Colaboraciones

Sección coordinada por Florencia Fracas
La pulsión: un concepto auxiliar e imprescindible
por Hugo Dvoskin

La pulsión, aun cuando Freud la sitúa dentro de su mitología, se encuentra dentro de los conceptos que él mismo denomina básicos pues de él no se podría prescindir. La pulsión es, en consecuencia, uno de los conceptos lógicos, de las hipótesis necesarias, de las construcciones auxiliares. Conjunto que admite cambios de acuerdo al armado teórico, de los nuevos estados en los que la teoría se encuentre y de los fenómenos que se presenten. El punto de abordaje de la problemática será las interrogaciones que aún produce la primera teoría pulsional freudiana: pulsiones de autoconservación vs. pulsiones sexuales.

Me han preguntado sobre la pena de muerte
por Álvaro Couso

Escribo, no para responder sí debe o no sancionarse, sí debe o no implementarse, o si acaso es válida su eficacia. Escribo, sin más justificación que el horror, sin comprender o mejor dicho para tratar de comprender por qué este escarmiento sin igual puede tener predica en nuestros días. Pienso en los métodos, en todas aquellas formas que encontró quién ejerce el poder para terminar con la vida de un hombre. En todo el entramado normativo que desde el origen de la cultura, desde la moral, estructura la conducta, la muerte como condena, como suplicio, la encontramos en el inicio mismo de ese sistema que regula las relaciones entre los hombres.

Malabar del sujeto (la hospitalidad del síntoma)
por Sergio Zabalza

Ahora bien, ¿qué tipo de intervenciones posibilitan esta transferencia desplazada en los intersticios y al costado de la vereda? “Si el arte de escuchar casi equivale al del bien decir”, y si lo que interesa es que un sujeto localice en un producto algo del rasgo sintomático que lo somete, se trata entonces de intervenir favoreciendo el corte que habilita la cesión del objeto.

Quien pierde, gana
por Roberto Ileyassoff

Si el núcleo del síntoma es la satisfacción pulsional, y el objeto está en el Otro, entonces, hay que pasar forzosamente por la estructura del otro para encontrar el complemento de goce que hace falta; ahí se produce la castración. Esta última es la que asegura que el goce pulsional, en tanto solitario, se recupere en el Otro bajo la forma del objeto a y encuentre así un partenaire favoreciendo así la imbricación de síntomas.

Al margen de la ley y dentro del mercado (Reflexiones entorno a la despenalización de la droga)
por Juan Pablo Mollo

Mientras la droga sea un “flagelo social”, el problema va a ser ideológico. La droga como paradigma de lo nocivo e ilegal es una construcción parcial que contribuye a su mitificación y, en consecuencia, a incrementar su poder de seducción. Es lo que sucede, con impotencia o ingenuidad, en las campañas de prevención basadas únicamente en la prohibición en nombre de la salud. Luego, la sociedad no puede concebir un abordaje posible al tema de las drogas que no sea la abstinencia. Se demanda incondicionalmente que se deje la droga, pues se cree erróneamente que sin droga no hay adicto. Freud ya decía en un texto de 1898 que las curas por abstinencia tienen un éxito aparente si no se llegan a las fuentes de donde brota la imperiosa necesidad de la droga.

Supervisión clínica en la Universidad
por Pablo Eugenio Grosz Schwarz

Siguiendo el surco de metáforas de que la Universidad es a la ciencia como la ciencia es al sujeto, propongo considerar, sin pretender alcanzar toda la verdad, ni tampoco “nada más que la verdad”, pero propongo considerar la proposición lógica: “la Universidad es la inquisición para el sujeto”.

De la miseria histérica al infortunio corriente
por Lila Isacovich

De modo que ese pasaje o giro en el discurso no era en absoluto natural, ya que estaba en perfecta contradicción con su estrategia que apuntaba a que la aceptara como objeto del saber que le había supuesto. Tal viraje implicaba la cesión del goce sostenido por el Padre y requería poner en circulación el a. Ese movimiento posibilitaba devolverle su eficacia en el discurso, no como sostén, sino como agente y suscitar ese pasaje al discurso del analista en la emergencia del sinsentido. (...)

El acto político
por Luis Tudanca

El acto hace comparecer la inconsistencia del Otro pero a la vez ”sólo toma su valor y sus coordenadas de un universo de lenguaje”. El momento es lo vivo del acto, la rutina de la experiencia acompañará sus consecuencias. En el límite la experiencia hace olvidar el acto.
El momento del acto implica un hacer sostenido en un decir. Sus consecuencias empiezan cuando uno cree que los principios que lo sustentan estuvieron desde siempre.
Sin embargo el acto depende de las consecuencias.

Historia, deseo y escritura, lo que no se puede apagar
por Mónica Soledad Vidal

La escritura que se le presenta como una forma de contornear ese real, Semprún la propone no como un testimonio de lo sucedido en el lager, no ya como un raconto de sufrimientos, sino a través de un artificio que es la ficción. Hay una necesariedad del recubrimiento ficcionario ante lo intolerable de las vivencias del campo, de la convivencia con la muerte y el dolor. En el decir de Semprún: “desde lo más verdadero, lo más profundo, opaco, indecible de la experiencia vivida.”

Armar y amar un cuerpo
por Stella Maris Rivadero

No me voy a referir a aquellas situaciones donde una cirugía estética está articulada a una decisión pensada y a un deseo de verse mejor en algún momento de la vida, mis preguntas giran alrededor de los retoques cosméticos, que no son motivo de consulta, ni de angustia y tampoco aparecen en el discurso de algunos analizantes, no es sin consecuencias el hecho de que no pase por la palabra, aparecen como hechos consumados, o se mencionan ante la eventual necesidad de ausentarse de las sesiones por algún período que implique el postoperatorio o la cirugía en sí.



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