Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
El discurso psicoanalítico: un nuevo producto
por Norah Pérez

A diferencia de la comida totémica, prolongada en las formas que sostienen a perpetuidad, las sociedades psicoanalíticas como subrogados grupales en torno al padre muerto, el padre autor; en el envés la estructura de la Escuela subvierte esta posición en la medida en que hay ese vacío central y, como efecto, una enseñanza y no una teoría con un autor: la enseñanza da cuenta de lo que Lacan sostiene “analizante en su enseñanza”, tomar esta posición se anuda a lo vivo del Nombre del Padre.

¿Señor mío, no ves que me estoy haciendo viejo?: Psicoanálisis y medicina estética
por María Laura De Palma

¿Para quién? Para uno mismo, quizá, pero por tanto siempre para otro, aquel que puede aprobar o desaprobar, aquel que castiga o premia, ese que piropea o dice cosas feas, el otro que siempre nos mira y siempre nos exige hasta lo más cruento. Como en este caso, recurrir a todo tipo de experiencias, algunas altamente traumatizantes como lo son las cirugías, más leves otras como las metodologías de medicina estética sin cirugía, pero ambas quitándole al cuerpo estatuto de cuerpo y transformándolo en masa para modelar. ¿Hasta qué punto se hacen necesarias estas técnicas y cuál es el límite ante el que cada uno puede detenerse?

Angustia sartreana. Angustia pos - feminista y angustia lacaniana
por Silvia Puigpinós

: Me alejaré del recurso, vuelto clásico, de ubicar en el centro de la escena la confrontación de las concepciones de la angustia de Lacan con la de los posfreudianos, por muy fructífero sea insistir en ella. Sin más rodeos, lo que quisiera poner a consideración de ustedes son las relaciones y diferencias que esa concepción de Lacan guarda con el marxismo de hoy (el que sobrevivió a la caída del Muro de Berlín) y con los estudios gays y lesbianos, cuya importancia está lejos de ser una mera curiosidad. Podrá objetarse que estoy forzando las cosas cuanto digo que hay en ese marxismo y en esos estudios nuevas concepciones de la angustia. Pero no es así, y creo poder argumentarlo.

La transferencia en el psicoanálisis de un niño
por María Rosa Borgatello de Musolino

Propongo analizar la transferencia en el psicoanálisis de Adrián para trabajar por qué la marcha analítica no tiene que partir del enunciado del síntoma sino de la relación de función del objeto a como causa del deseo. En la medida en que el goce del cuerpo es goce de la vida, la transferencia entra en esa especie de co-vibración semiótica que es el amor en el sentido ordinario. El amor, tal como se lo imagina cuando se lo declara, pone en relación la función del objeto a, causa del deseo, con la dimensión mental de la causa. La transferencia con un niño, tal como con cualquier otro traído a análisis por su deseo, resulta de su disqurso. Es necesario –recomienda Lacan- que “...el psicoanálisis (no) se alimente de la observación del niño y de la niñería de las observaciones..." para que en el trabajo de la transferencia estemos en posición de analistas y no de pedagogos o médicos. Es necesario que oigamos cómo el saber se articula de lalengua y qué saber se inventa cuando la voz queda libre de la represión, para que el único objeto propuesto a la transferencia sea el objeto a causa de deseo.

El porvenir del síntoma o el síntoma como porvenir
por Norah Pérez

En Freud encontramos el análisis de este mecanismo del engaño, articulado a la religiosidad en el hombre, no en un sentido amplio sino in strictus sensu; caracterizandose como la reacción que busca un auxilio para tapar la falta. Leemos en el Porvenir de una ilusión, "Los críticos persisten en declarar profundamente religiosos a aquellos hombres que han confesado ante el mundo su conciencia de la pequeñez y la impotencia humana aunque la esencia de la religiosidad no está en tal conciencia, sino en el paso siguiente, en la reacción que busca un auxilio contra ella". Indudablemente hay muchas formas de alienarse y en ese aspecto la civilización ofrece objetos que sirven de exutorios a tales tendencias. En este contexto me interesa pensar lo que por vía de la ilusión encontraría hoy en las neurociencias y en las psicoterapias, esos auxilios modernos que propician una relación a-sintomatizada con el inconsciente.

Una orientación que no es como las otras
por Diana Paulozky

Hace un tiempo que trabajamos lo que nos diferencia de las psicoterapias. Decimos que tanto el psicoanálisis como la psicoterapia tienen como instrumento común a la palabra. Sin embargo, la expresión “hago terapia de corte psicoanalítica”, no sólo es una contradicción lógica, sino que nos obliga a diferenciarnos, a hacer el corte (que se opone a hacer la corte), contradicción, decía, porque se mueven en coordenadas diferentes. Mientras que las terapias tienen un fin, el análisis es una experiencia de búsqueda; mientras que aquellas dan respuestas, el análisis suspende las certidumbres; si aquellas dan sentido, éste abre interrogantes; si ellas se refieren a la historia vivida como una sucesión de hechos encadenados causa-efecto, el análisis se ordena al revés, desde los efectos a la causa.

Narcisismo: secuencia identificatoria: El ideal del Yo - el Superyo
por Norma Gentili

Articulaciones entre sìntoma, fantasma y pulsión: un caso clínico
por Daniel Perretta

Me olvido de todo
por Sergio Waxman

Lineamientos generales para una intervención en temas de abuso, maltrato, acoso y violencia
por Astrid Álvarez de la Roche

Nuestro abordaje en temas de abuso, maltrato, acoso y violencia da énfasis a la palabra de aquel que sufre, que padece. Allí, lo particular es la manera en que acogemos a este ser humano, porque más allá de aceptar su decir, su queja inicial, puntuamos sobre elementos inscritos en su mismo discurso, de tal manera que la persona entiende y actúa amparada sobre este saber, que es el suyo, “saber en progreso”. En este sentido, creemos en sujetos reposicionados frente al acontecimiento, activos, re–enlazados al mundo. Es un trabajo pausado, que muestra al mismo tiempo efectos tempranos y durables. Es claro que si un niño o niña, no importa la edad, un joven, una mujer u hombre, se lamenta por ser objeto de maltrato – que es mal–trato, atropello, agresión, ofensa (para nombrar algunos) –, lo hace por algo. Y esa razón, que pertenece a cada sujeto, tiene la más grave importancia porque dependiendo de la manera en que cada quien tramite la experiencia injuriante, habrá o no consecuencias sobre sí mismo y el ámbito social en que el individuo está inmerso.



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