Columnas
por Alicia Hartmann
La era del individuo tirano como dice Eric Sadin nos circunda. La violencia sin límites que hace del sujeto un objeto, hace que el deseo tome la forma de la voluntad de goce en la búsqueda de un goce absoluto, total, completo, la perversidad que linda con la exterminación del semejante… El ataque de San Cristóbal de hace 3 semanas, donde se asesinó a Ian Cabrera y fueron heridos otros estudiantes, excede la ya conocida historia del bullying que padecemos en el medio escolar desde la escuela primaria… Los discursos de odio parecen confluir en esa dirección propiciatoria de la destrucción.
por Sergio Zabalza
Para el usuario inadvertido, el funcionamiento metonímico propio de un organismo digital ‒y por lo tanto carente de un cuerpo vivo‒ resulta en un empobrecimiento simbólico cuyo ulterior desenlace es el reforzamiento del sentido sobre su propia persona: el odio de sí… Nuestra hipótesis considera que la IA refuerza el sentido en desmedro del significante. En criollo, aunque se empleen diferentes palabras, el efecto inducido por una máquina en el usuario no se conmueve. Es que, por más que se sustituya una palabra por otra, el algoritmo no alcanza la dignidad de la metáfora, en tiempos en los que la adolescencia pone en primer plano los trazos gruesos de la tragedia social.
por Valeria Casal Passion
La aprobación en el Congreso argentino de la reforma a la Ley de Glaciares, habilita una mayor flexibilización en la “protección” de territorios estratégicos que representan agua para la vida de cerca de siete millones de habitantes, con el consiguiente peligro de contaminación. ¿Acaso no es este el tiempo urgente para reparar a la Pachamama por tanta afrenta? Se ha tomado de ella sin respeto y nada se le ha devuelto; se ha roto el “ayni” (del quechua y aimara: principio de reciprocidad). Su don está a la venta. La tierra, otra vez, expuesta. Y, sin embargo, la Pachamama insiste: no olvida, no calla, no cede, devela…
por Sergio Zabalza
Una máquina bien puede estar advertida de lo mucho que ignora, la diferencia con el ser hablante está en que, por el mero hecho de pensar y hablar, una máquina avanza en su conocimiento, en tanto para el ser hablante, el proceso es exactamente el opuesto, cuanto más piensa, más ignora. De hecho, la ciencia participa de la dimensión del semblante, para el psicoanálisis lo único real es el síntoma, la sustancia gozante… La experiencia psicoanalítica orienta al ser hablante al acto de consentir a una ignorancia estructural: un vacío. En todo caso, una singular manera de entender la inteligencia. Mientras que el conocimiento, desde la metafísica hasta las ciencias actuales, cumple el primer y decisivo propósito de ocultar la ignorancia que nos distingue por el mero hecho de hablar…
por Patricia Weigandt, Gabriel Pavelka y Mabel Luna
Hay cuentos y acciones colectivas y elaborativas para que florezca la memoria frente al horror… Si pensamos que la cultura es heredera de un simbólico que queda en lugar de un real, ésta queda arrasada toda vez que ese simbólico compartido por un pueblo se degrada y se ubica como lo que debe caer en la denominada “batalla cultural”, “objetivo” que la dictadura no pudo lograr y al cual explícitamente se abocan nuestros actuales gobernantes, como un logro de su gestión. Lo punitivo toma la delantera, las políticas públicas escasean y por ende la cultura retrocede. A 50 años del inicio de aquel infierno ‒que no es ningún cuento‒, lo punitivo toma la delantera, y las políticas públicas escasean y por ende la cultura retrocede, apostamos e invitamos a apostar a dignificar el legado. Hoy más que nunca, ¡Nunca más!
por Marta Gerez Ambertín
Darle la palabra –que no tiene– al perro es un anhelo de los humanos para acallar lo real de la voz de aquel que, a pesar de la cohabitación, la domesticación y el amor que se puede volcar en él, no deja de ser un extraño, lo real no deja de habitar en él. Será por eso que no sólo le prestan la palabra tratando de antropomorfizarlo, también los cubren de vestimentas humanas. ¿Por qué empeñarse en prestarles la palabra allí donde sólo su voz –ladrido, gruñido, gemido o aullido–, es persistente?... Esa persistencia hace suponer que están habitados por un sometimiento superyoico enigmático. La mascota se hace entender y entiende la orden, ¿tiene superyó pero no tiene inconsciente, sólo un esbozo, un muñoncito de significante que no alcanza para sostener la formación del inconsciente que alberga al humano en su división subjetiva?
por Matilde Sosa
El entretenimiento se convierte en flujo financiero. Pero incluso ahí, en el centro del imperio, algo se escapa. Algo que el espectáculo no puede domesticar: la vibración humana, latina. En el Super Bowl lo latino no legitima al espectáculo en el centro anglófono, lo desborda. Lo vivo ‒cuando aparece‒ no pide permiso. Irrumpe. Desborda. Cruje. Hackea el automático. Se quiebra la transparencia y entonces sucede que “hay una grieta en todo, así es como entra la luz”. En la grieta se respira…
por Virginia Grosso
Mi propuesta es abordar este fenómeno sin intentos de explicaciones cerradas que tranquilicen, pero tampoco desde la mera patologización que ubique todo en un diagnóstico tratable. El movimiento therian no es nuevo, y son los jóvenes quienes históricamente encarnan los movimientos que interpelan lo dado. Ellos encuentran modos de nombrar la opresión. Y eso no los hace conflictivos: los vuelve peligrosos para un orden que vive del silencio. Quizás este movimiento pueda leerse como síntoma de época, búsqueda de pertenencia, de comunidad, cuando las identificaciones tradicionales resultan insuficientes o incluso cínicas…
por Nayla Petel
Nuestro imaginario social y cultura popular está plagado de referencias al hombre lobo y a la idea de la conversión en una criatura bestial. Cuentos y películas de terror hacen incontables referencias a esta figura de un animal incontrolable que reside dentro de alguien y se presenta de manera involuntaria para desafiar la razón, la norma. La animalidad irrefrenable como una metáfora adolescente tampoco debería llamarnos la atención. Parece que el público siempre se renueva, y lo que nos causa terror no tanto.
por Martín Alomo y Vanina Muraro
El fenómeno clínico caracterizado como horror al saber, dado que una de sus coordenadas invariantes es la sorpresa, ¿presenta características episódicas o agudas, o más bien se trata de una configuración clínica sostenida en la temporalidad de la transferencia con una duración tal que no nos permitiría caracterizarlo como un fenómeno ocasional sino más bien como un estado transferencial con cierta duración y estabilidad?



















